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JBC
Reedición de "El Proceso" de Kafka y
retorno de Torquemada
(Reflexiones en torno a la
nueva Ley que regula la
Orden de Protección contra las Víctimas de la Violencia Doméstica.)
Julio Bronchal Cambra
juliobronchal@hotmail.com
www.quieroestarconmishijos.tk
Describe Franz Kafka, en su
novela fundamental "El proceso", la trágica historia del anónimo
oficinista Josef K.
Cierto día se presentan en su domicilio
dos lacónicos funcionarios para comunicarle que se ha iniciado un
proceso contra él, pero sin notificarle las causas que lo motivan ni los
cargos que lo sustentan. A la sorpresa e indignación iniciales le
seguirán, en el estado de ánimo de Josef K., el dolor asociado a
la incomprensión y el injusto rechazo social, los sentimientos de
indefensión e insignificancia frente a una gris burocracia y,
finalmente, la desesperanza y resignación con las que aceptará una
sentencia que, escrita de antemano, no le dejará más salida que la
aceptación de su propia condena.
Lejos de haber sido
superado el siniestro panorama que describe Kafka en su novela,
éste se nos presenta hoy, y cada vez más, como una amenazadora realidad.
El progresivo desmantelamiento de las garantías procesales y de la
pérdida de espacios de libertad para el ciudadano occidental, tendencia
que se acelera y justifica a partir del 11 de septiembre,
tiene también su manifestación en el ámbito de lo más estrictamente
privado, en el propio mundo de la intimidad familiar.
La reciente y apresuradamente aprobada Ley de
Orden de Protección para la Violencia Doméstica es un buen
ejemplo de cómo privar de derechos y protecciones fundamentales al
ciudadano. En la práctica una espada de Damocles sobre los
adultos varones. Es una muestra de cómo pervertir el sentido de la carga
de la prueba en un litigio al favorecer la presunción de culpabilidad
sobre la de inocencia. Esta ley sitúa al acusado en la indefensión al no
contemplar suficientes garantías procesales. Por todo ello parece
animada por el espíritu de las promulgadas por los estados represivos y
totalitarios. Su aplicación ofrece un terreno abonado para la siembra de
la denuncia falsa, que incentivada y alentada irresponsablemente, no
tardará en ofrecer una cosecha de más conflicto, violencia y vidas
destrozadas. El escenario para el proceso kafkiano ya ha sido
construido. Bajo la indiscriminada acusación de "maltratador" cualquiera
puede ser convocado al mismo. El espíritu de Borges se remueve en
su tumba inquieto por el deseo de añadir un nuevo capítulo a su célebre
"Historia Universal de la Infamia".
¿Cuál es el origen de
este engendro represivo? Es el fruto de la coincidencia de una forma
demagógica de hacer política con los intereses de una casta
burocratizada e instalada cerca del propio poder político y que,
hipócritamente, dice "luchar contra la violencia doméstica",
cuando no hace más que estimulara en beneficio propio para justificar su
propia supervivencia.
El feminismo radical y burocrático, no el
verdaderamente igualitario al que me sumo sin reservas, el "femi-aparitchki",
ha conseguido con éxito borrar de la conciencia social la diferencia
entre lo que significa una denuncia y una sentencia condenatoria. El
mensaje ramplón y repetido, con perfección técnica que admiraría al
mismo Goebbels, y que viene siendo transmitido a la sociedad es
el de igualar la denuncia a la sentencia, la acusación al resultado del
juicio, la sospecha a la confirmación de la misma.
Precisamente es, en el
espacio conceptual existente entre denuncia y sentencia, donde residen
los principios de la presunción de inocencia, la igualdad ante
la ley y el derecho a un juicio justo, es decir el territorio
del derecho democrático y las libertades públicas e
individuales.
Desde el puente que equipara la denuncia a la
sentencia, y salva las garantías procesales, contemplamos un paisaje ya
conocido y presente a lo largo de la historia. Es el panorama del
decreto nazi Nacht und Nebel, que acabó con las pocas garantías
judiciales que aún quedaban en aquel abominable régimen. Es el
escenario, más próximo a nosotros, de la Inquisición, del
Índice Expurgatorio, las delaciones y de los Autos de Fe,
con sus sambenitos, sus inquisidores y sus heréticos reos prejuzgados.
Desde aquí se perciben sensiblemente los tufos de las crepitantes
hogueras y quemaderos inquisitoriales.
No obstante, el tiempo
ha ido cambiando contenidos y formas, pero no estructuras. Donde antes
se escuchaba a gritos el dicterio de "¡hereje!" hoy se abronca
con el de "¡maltratador!". Debemos saber que el tiempo no pasa en
balde y que así como los sambenitos ya no son amarillos sino violetas,
el Santo Oficio también ha cambiado, y lo ha hecho de nombre y de fines.
Ya no se trata de defender la pureza de la fe sino el valor superior del
género femenino. Así se supone que el testimonio de una mujer siempre
será veraz porque una mujer, nos adoctrinan desde todos los medios de
comunicación, siempre es mejor que un hombre, como mejores fueron en su
día los cristianos viejos - o por lo menos mejor les fue-, frente a toda
la escoria herética, mora, morisca o judía.
¿Cómo se responde a los
que denuncian el despeñamiento de las garantías y libertades
individuales? ¿Qué se pide para los que, horrorizados, contemplamos y
advertimos del avance de la irracionalidad y del dogmatismo sectario?
Detrás del sambenito de "justificadores y cómplices de los
maltratadores" acusados de "fautoría de herejes" se nos
conduce también hacia la pira, bajo el aplauso/a del populacho/a
inflamado/a por los nuevos/as Torquemados/as.
Pese al espeluznante momento que
atravesamos y muy a pesar de la venalidad de la ralea política y
judicial que padecemos, a la que hay que añadir los inconfesables
intereses del "femi-aparitchki", va tomando conciencia y
levantándose un movimiento empeñado en hacer frente a la injusticia y
restituir la legalidad democrática.
Es tarea de todos y de todas
-¡fundamental!- hacerlo avanzar urgentemente para atajar radicalmente el
problema de la violencia doméstica y ex-doméstica, proteger a los niños
de la violencia familiar e institucional, y luchar contra toda forma de
discriminación contra las personas.
(Agosto de 2003)
Texto de la Ley que regula
la Orden de Protección contra las Víctimas de la Violencia Doméstica
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