|
FALSAS DENUNCIAS DE ABUSOS EN NIÑOS
Durante los últimos
15 o 20 años ha habido un espectacular aumento de las acusaciones
de abuso sexual en contextos de divorcio. La mayoría de los
profesionales consideran que los más altos porcentajes de acusaciones
falsas tienen lugar en esa circunstancia. Por ello, tales
acusaciones han sido objeto de una atención creciente,
especialmente en los Estados Unidos, y han sido numerosos los
estudios llevados a cabo sobre ese tema.
No existe acuerdo
sobre el porcentaje de acusaciones de abuso sexual en niños que
resultan falsas, y la mayoría de las
estimaciones oscilan entre el 20% y el 80%.
La falta de
acuerdo acerca de la proporción de acusaciones falsas en los
litigios relacionados con el divorcio y la custodia se debe en parte
a las diferentes definiciones de acusación falsa. Es decir, no es
lo mismo una acusación falsa que una acusación no probada. Por
otra parte, también hay que distinguir entre las simples acusaciones falsas
(a veces hechas de buena fe) y las acusaciones prefabricadas o
deliberadamente falsas. Los porcentajes establecidos por los
distintos investigadores varían frecuentemente según se basen en
una u otra definición.
A
continuación presentamos las conclusiones de una recopilación de
estudios realizados en los Estados Unidos, obtenidas principalmente
en las revistas especializadas del Institute
for Psychological Therapies (11 volúmenes monográficos
titulados Issues
In Child Abuse Accusations, con cuatro números trimestrales
cada uno de ellos, dedicados al tema de las acusaciones de maltrato
a niños, de 1989 a 2001), y corroboradas en otras publicaciones o
instituciones como The
Leadership Council o Psychlaw
y las mencionadas al final de esta página. Asimismo, se ofrecen
datos de Departamento
de Salud y Servicios Sociales de los Estados Unidos
(Administración del Niño y de la Familia).
Estos son algunos de los
estudios más destacados y más frecuentemente citados en las
diversas publicaciones consultadas:
***
Thoennes/Pearson (1988). En
el 33% de los casos, se consideró que no había habido abuso sexual.
En el 50% de los casos, el abuso se consideró probable. En el 17%
de los casos no se pudo establecer ninguna conclusión válida.
***
Wakefield/Underwager (1996).
De 500 casos relativos a acusaciones de abusos sexuales en los que
actuaron como consultores a lo largo de cinco años (1990-1996), el
40% de las acusaciones se realizaron en un contexto de divorcio. En
el 75% de esos casos relacionados con divorcios, el sistema judicial
no llegó a determinar culpabilidad alguna (por retirada de la
acusaciones o retractación, absolución en el tribunal penal o no constatación de
abuso en el tribunal de familia).
***
Margretta Dwyer (1986). Según
esta investigadora, en los casos examinados en el Programa de
Sexualidad Humana de la Universidad de Minnesota, el 77% de las
acusaciones relacionadas con el divorcio resultaron ser falsas.
***
Brant/Sink (1984) constataron
que 3 de cada 4 acusaciones estudiadas (75%) eran falsas.
***
Benedek/Schetky
(1985) estudiaron 18
denuncias de abuso sexual y constataron que 10 de ellas (es decir,
el 55%) eran falsas.
***
Green
(1986) demostró que
4 de 11 (36%) denuncias eran falsas
***
Hlady/Gunter (1990)
examinaron 370 casos de niños evaluados por los Servicios de
Protección de la Infancia del Hospital Infantil de Columbia Británica
(Canadá) en contextos de divorcio. De ellos, 34 casos estaban
relacionados con acusaciones de abuso sexual formuladas en el
contexto de litigios por la custodia. Esos exámenes se compararon
con los de 219 niños examinados durante el mismo periodo de un año
y no relacionados con litigios por la custodia. Los investigadores
registraron porcentajes similares de indicios físicos de abuso
sexual en ambos grupos: 17,6% en los casos relacionados con el
divorcio y la custodia y 15% en los casos no relacionados con el
divorcio y la custodia. Es decir, los porcentajes de abuso real son
similares en ambos grupos. Sin embargo, los porcentajes de
acusaciones son abrumadoramente superiores en los contextos de
divorcio.
***
Jones/McGraw (1987). Los
autores estudiaron 576 envíos consecutivos de casos de abuso sexual
al Departamento de Servicios Sociales de Denver. Del número total
de casos, se consideró que el 54% eran casos veraces, el 22% no
ofrecían indicios suficientes para ser clasificados, el 17% por
ciento se basaban en una preocupación legítima, pero tenían otra
explicación distinta del abuso, y el 7% eran falsos. Los autores
concluyeron que no es posible considerar válidas las acusaciones de
abuso sexual en ausencia de pruebas.
***
Jones/Seig (1988). El estudio
abarcó 20 casos de acusaciones de abuso sexual en el contexto de
litigios de divorcio. El 70% de los casos se consideraron veraces, y
el 20% falsos. Los autores concluyen que el divorcio contencioso y
la lucha por la custodia parecen aumentar la probabilidad de
acusaciones falsas, pero que no se debe pensar de antemano que lo
sean.
***
McGraw/Smith (1992). En una
primera fase, de 18 casos de acusaciones de abuso sexual formuladas
durante el proceso de divorcio, sólo una se consideró
fundamentada. En un segundo análisis con nuevos criterios, el
equipo llegó a la conclusión de que 8 casos (44%) podían
considerarse fundados.
***
Paradise, Rostain/Nathanson (1988).
Analizaron sistemáticamente los casos enviados a un hospital a la
consulta privada de uno de los autores. Las acusaciones de abusos
realizadas en el contexto de litigios de divorcio o custodia (39%)
se compararon con los casos en que no existían esos litigios. Los
casos planteados en contextos de divorcio y custodia afectaban a niños
más pequeños (5,4 años como promedio) que los demás casos (7,8 años
como promedio). La veracidad de las acusaciones se comprobó en la
mitad de los casos, aproximadamente, aunque en menor proporción
cuando mediaba un conflicto por divorcio.
*** Paradise
(1989). Constató la existencia de un 65% de falsos positivos al
evaluar acusaciones de penetración; y de un 73% de falsos positivos
al evaluar acusaciones de penetración digital.
***
Thoennes/Tjaden (1990).En los
129 casos de abuso sexual estudiados, se consideraron fundadas
el 50% de las acusaciones, infundadas el 33% y sin suficientes
elementos de valoración el 17%.
***
Felten (1991). A partir del
examen de estudios de diversos autores, considera que las
acusaciones de abuso sexual en contextos de divorcio con alto grado
de litigiosidad son falsas en porcentajes del 60% al 80% de los
casos.
***
Dvorchak (1992). En un
estudio para la Asociación de Tribunales de Familia y Conciliación
concluye que la tercera parte (66%) de las acusaciones de abuso sexual en
el contexto de divorcios son falsas.
***
La organización
VOCAL (Victims of Child Abuse Laws) publicó en 1989 un resumen
de las estadísticas mencionadas en 23 estudios. La más baja de
ellas estimaba en el 35% el porcentaje de acusaciones falsas; la más
alta, en el 82%; el promedio se situaba en el 66%.
***
El Centro
Nacional de Maltrato Infantil (National Center for Child Abuse)
indicó que las acusaciones falsas, que en 1975 representaban
el 35% de los casos, habían aumentado al 60% de los casos en 1993 (FMSF
Newsletter, 1993).
***
Benedek/Schetky (1985).
Constataron la existencia de un 55% de falsas denuncias de abuso sexual infantil
en casos de divorcio y custodia.
***
Besharov (1985). Según un
estudio realizado por el autor en 1975, el 35% de las acusaciones de
abuso infantil no pudieron verificarse. En el estudio llevado a cabo
en 1985, el porcentaje de acusaciones falsas había ascendido al
65%.
***
Besharov/Laumann (1996).
Entre el 60% y el 65% de las acusaciones presentadas a nivel
nacional (EE.UU.) se desestiman tras una investigación preliminar por falta de
indicios.
***
Brant/Sink (1984). Constataron
un 75% de falsas acusaciones en contextos de divorcio y custodia.
***
Nicholas Bala/John Schuman (1999). Estos profesores
de la Queen's University (Canadá) examinaron 196 causas judiciales de divorcio con disputa por
la custodia de los hijos. La investigación demostró que el 71% de
las acusaciones de abuso sexual fueron realizadas por las madres,
frente al 17% interpuestas por los padres, y el resto por otros
parientes, personal docente o médico, etc. En 46 casos (23% del
total), los tribunales hallaron indicios suficientes de abuso. En
los 150 casos restantes (76% del total) no se hallaron indicios de
abuso. En 45 casos (23% del total), los jueces consideraron probado que las
acusaciones fueron deliberadamente falsas.
***
Departamento de Salud y Servicios Sociales de los Estados Unidos.
(Child Maltreatment Reports from the States to the National
Child Abuse and Neglect Data System - U.S. DEPARTMENT OF HEALTH AND
HUMAN SERVICES). En los informes anuales sobre maltrato infantil
publicados por el Departamento de Salud y Servicios Sociales de los
Estados Unidos sobre la base de los datos suministrados por los
distintos estados, la cifra de casos de acusaciones de maltrato no
probadas nunca es inferior al 50%. Estos son algunos datos de años
recientes:
- En 1999,
sólo el 29'2% de las acusaciones culminaron en la determinación
de pruebas o indicios de maltrato. En el 54'7% de los casos,
el maltrato no pudo probarse.
- En 1998,
el 29'2% de las investigaciones se plasmaron en pruebas o
indicios de maltrato. En el 57'2% de los casos no se pudo
demostrar la existencia de maltrato.
- En 1997,
la tercera parte de las investigaciones culminaron en el
hallazgo de pruebas o indicios de maltrato. Más de la mitad
de los casos resultaron no probados o infundados.
- En 1996,
se hallaron pruebas o indicios de maltrato en el 34 por ciento
de las acusaciones presentadas. Más de la mitad de los casos
resultaron no probados o infundados.
Según señalan los psicólogos
Hollida Wakefield y Ralph Underwager en su artículo Sexual
Abuse Allegations in Divorce and Custody Disputes, una acusación falsa no es
necesariamente una historia urdida expresamente para obtener la
custodia o vengarse del cónyuge. A veces, la influencia de los
medios de comunicación y de los programas de prevención del abuso
infantil pueden hacer que uno de los cónyuges se vuelva
hipersensible ante la posibilidad de abusos en los niños. Así
predispuesto, en medio de una áspera batalla legal de divorcio, ese
progenitor puede fácilmente sacar conclusiones prematuras ante los
indicios o síntomas más insignificantes.
En otros casos, uno de los
progenitores puede inventar deliberadamente una falsa acusación
para solventar su proceso de divorcio por la vía más rápida. El
sistema recompensa esas falsas acusaciones. El ex cónyuge es
castigado. La acusación goza de aprobación social. La custodia del
niño se atribuye automáticamente a la parte acusadora, mientras
que a la parte acusada se le prohíbe todo contacto con él. La
parte acusadora se beneficia de la atención y ayuda de agentes
sociales, psicólogos, amigos, familia y vecinos.
Gardner señala que una acusación
de abuso sexual es un arma poderosa en un litigio de divorcio. El
progenitor vengativo puede exagerar una historia sexual inexistente
y convertirla en un caso de abuso sexual. El niño, para ganarse la
aprobación de acusador, puede cooperar. Sobre la base de estas
observaciones, Gardner describe el "síndrome de alienación
parental", en virtud del cual el niño se identifica con los
propósitos del progenitor atacante y participa en su odio contra el
otro progenitor.
Blush y Ross (1987) han establecido
una serie de características que suelen estar presentes en las
situaciones de falsas acusaciones de abuso infantil:
- Las acusaciones se producen
después de empezar las acciones legales de separación y
custodia.
- Existen antecedentes de disfunción
familiar con conflicto de divorcio aún por resolver e intereses
subyacentes.
- La mujer (la acusadora) suele
tener una personalidad histérica y limítrofe con
comportamientos anormales, o ser colérica y beligerante.
- El hombre (el acusado) suele ser
pasivo, afable y carente de las características típicas del
"macho".
- El menor suele ser una niña de
edad no superior a ocho años.
- El progenitor custodio (la
madre) es el que plantea las acusaciones.
- La madre lleva al niño a un
"experto" que confirma el abuso e identifica al padre
como perpetrador.
- El tribunal reacciona ante el
informe del "experto" poniendo fin al régimen de
visitas o limitándolo.
Wakefield y Underwager (1990)
estudiaron las personalidades de 73 progenitores acusadores en
falso y de 103 progenitores acusados en falso, todos ellos
involucrados en procesos de divorcio y custodia, y las compararon
con las de otros 67 progenitores igualmente inmersos en ásperos
litigio de divorcio, pero sin acusaciones de abuso sexual. La
inmensa mayoría
de los progenitores acusadores eran mujeres, y sólo en cuatro casos
eran hombres. Entre los progenitores acusadores había un número
mucho mayor de trastornos de la personalidad (histrionismo, límite
con la anormalidad, pasividad-agresividad, paranoia, etc.). Se estimó
que el 77% de los progenitores acusadores padecían trastornos de la
personalidad, y que sólo el 23 por ciento restante no presentaban
signos de psicopatologías. Sin embargo, ese porcentaje de
normalidad llegaba al 70% en el grupo de acusados y al 66% en el
grupo de control.
En consecuencia, a falta de datos
fehacientes, cuando el progenitor que realiza la acusación padece
algún trastorno y el progenitor acusado es psicológicamente
normal, debe preverse la posibilidad de que se trate de una falsa
acusación, concluyen Wakefield y Underwager.
Según estos autores, no hay
respuestas fáciles para estos problemas. Los profesionales deben
conservar su objetividad y mantener despierta su atención. Deben
examinar cuidadosamente cada acusación y no desechar inmediatamente
una acusación como falsa porque los padres se hallen inmersos en
una batalla judicial. Pero deben estar también en guardia contra
toda presunción de culpabilidad y toda tentación de ponerse de
parte de la parte acusadora.
Enlaces de referencia:
|