RECORTES DE PRENSA - OPINIÓN (1)

 

DERECHOS HUMANOS A PRECIO DE SALDO

En general, las violaciones de los derechos humanos por los Estados modernos hallan la réplica en las denuncias de las ONG que velan por el cumplimiento de esos derechos. Con una clamorosa y flagrante excepción: la violación sistemática del derecho humano básico del niño a la convivencia con su padre, y de éste a la convivencia con su hijos, en los casos de separación y divorcio.

Inexplicablemente, esa infracción, en la que son cómplices prácticamente todos los Estados del mundo desarrollado, se ha institucionalizado bajo un espeso manto de silencio. ¿En beneficio de quién?  Ahí es donde el silencio se torna misterio insoluble.

Es evidente que esa violación de sus derechos no beneficia al padre separado, cuyas tasas de suicidio llegan a ser en algunos países seis veces superiores a las del padre casado. Tampoco beneficia a los hijos de separados, a menos que se considere que ser huérfano es mejor que tener padre.  Ni siquiera a la mujer en general, o por lo menos, no a las hijas de separados  ni a la madre, las hermanas o la compañera del padre separado. ¿A la ex mujer del padre separado? Aparentemente, tampoco, porque el cuidado en exclusiva de sus hijos le resta tiempo libre y oportunidades profesionales.

Un momento... Eso será a largo plazo, pero de entrada ella se queda con la casa y percibe una pensión por sus hijos. A veces esa pensión, estimada en función de los ingresos del ex marido, alcanza también para la manutención de la madre. Y si además hay pensión compensatoria... Misterio resuelto: la casa, las pensiones, el trapicheo de los derechos humanos, la complicidad estatal... Juntemos las piezas del puzzle y ¡oh, bello y edificante espectáculo de las madres que viven a costa de sus pequeños hijos!

Juan Luis Rubio Azcúe (Madrid) (Publicado en "La Estrella Digital" (8-3-2001), El Periódico de Aragón, El Correo Gallego (11-3-2001) y ABC (25-4-2001)).


PADRES SEPARADOS, PADRES DESESPERADOS

“Solo veo a mi hija cuando sube o baja del autobús escolar. Cuando la niña me ve me saca la lengua. Me tiene miedo”. La paternidad, lejos de animar a José María García Bravo, enfermo de Trastorno por Angustia y obsesionado con la muerte, le complicó aún más la vida. Este riojano de 37 años se separó de su mujer en 1993, pocos meses antes de nacer su hija. Fijaron un convenio regulador normal, pero al mes la madre presentó una modificación de medidas alegando que estaba enfermo y que era incapaz de cuidar a la niña. Desde ese momento, José María está luchando para superar los obstáculos que le impiden estar con la pequeña. Ahora está a la espera de que la Audiencia ratifique el nuevo régimen de visitas que le aprobaron en mayo de 2000.

El caso de José María García Bravo es uno de tantos que llegan a la Asociación de Padres de Familia Separados (APFS). Sus miembros, 9.176 hombres en muchos casos desesperados, tienen algo en común: se sienten perjudicados en el momento de la separación “por la aplicación de unos cuantos artículos del Código Civil que datan del 7 de julio de 1981, que se han quedado obsoletos” y que les sitúan en un nivel de inferioridad con respecto a las mujeres, según cuenta el presidente de la APFS Nacional, Juan Luis Rubio.

Desde la asociación se trabaja para promover una nueva Ley de Separación y Divorcio que equipare los derechos y deberes de las dos partes de un matrimonio disuelto, tanto en el nivel económico como en el social, el jurídico, el fiscal y en lo referente a la custodia de los hijos. Es en este punto donde exigen un mayor cuidado ya que, según apunta Juan Luis Rubio, “el 64% de los miembros de la Asociación no pueden ver a sus hijos o tienen problemas graves para hacerlo”.

La custodia está estrechamente relacionada con la propiedad del domicilio conyugal y, según sostiene Juan Luis Rubio, “en muchas ocasiones se utiliza a los hijos como arma arrojadiza. El 96% de los hombres se queda sin hogar y tienen que vivir con sus padres o buscarse un piso de alquiler. Muchas veces lo único que cuida el fiscal es que se fije una pensión alimenticia, que como término medio equivale al 37% del sueldo del padre, descuidándose otros aspectos como el derecho a que estén juntos y a que se comuniquen. No entendemos por qué si un hombre no paga la pensión va a la cárcel, pero si una madre te impide que veas a tus hijos no pasa absolutamente nada”.

Vivir en un juzgado
Esto le ha sucedido a Antonio Henar que no ve a su hija desde hace más de dos años. Ni siquiera está seguro de que la niña se encuentre en Zaragoza. “Estuve siete años luchando para conseguir la custodia. En un año, denuncié a su madre en 60 ocasiones por incumplimiento del régimen de visitas y por fin, el 1 de julio de 1998, el juez me concedió la custodia. La sentencia se hizo efectiva el 15 de enero de 1999 y sólo duró una hora”.

Antonio comió ese día con su hija y la llevó de nuevo al colegio. Ya no volvió a verla. “El juez no hizo absolutamente nada. A la semana, la madre me denunció en el juzgado de familia con un parte médico manipulado de un ginecólogo de urgencia”. Por medidas cautelares, el juez le devolvió la custodia a la madre. Al poco, esta aportó unos informes psicosociales en los que se reflejaba que la niña no quería ver a Antonio. La madre obtuvo la custodia provisional durante ocho meses. Más tarde consiguió otros seis. “En septiembre se cumplieron los provisionales y todavía estoy esperando a que el juzgado conteste. Los padres separados y divorciados tenemos unos deberes pero no unos derechos. Sobre todo lo que debería estar claro es que los hijos no son propiedad de nadie”.

El marido de Teresa está divorciado y tiene muchos problemas por el pago de la pensión a su ex mujer. “Ella está en casa sin trabajar mientras que yo, que también soy divorciada, me tuve que buscar la vida. El juez sentenció que mi esposo tenía que pagarle 85.000 pesetas de pensión. Nosotros no podíamos pagar esa cantidad y le pasábamos 50.000, pero aún así, desde hace cuatro años, mi marido tiene que pasar 36 horas en la cárcel los fines de semana”.

Teresa y su marido han vivido siete años de juicios y, por fin, han conseguido que el juez les rebaje la pensión a 55.000 pesetas. “Queríamos una cantidad razonable que pudiéramos pagar, pero ahora ella nos ha denunciado por todos los atrasos que le debemos. Y yo me planteo: si ella verdaderamente no tiene para comer, que por eso se supone que nos pide dinero, ¿Por qué no se ha muerto de hambre? ¿qué mi marido esté en la cárcel le da de comer?”.

Hombres maltratados
Otra de las demandas de la APFS es la desaparición del Instituto de la Mujer y la creación del Instituto de la Familia que contenga una dirección general del niño, otra de la mujer y otra del hombre. “Por ejemplo, en España no existe ningún centro de acogida para hombres maltratados, y hay muchos. En nuestra asociación, el 4% de los miembros han recibido maltratos físicos y el 66%, psicológicos”, apunta Juan Luis Rubio. “Las comisarías de policía nos los mandan a la Asociación porque no saben qué hacer con ellos. No pueden aplicar ninguna ley en su defensa, algo ilógico porque se supone que las leyes son asexuales. Hemos tenido el caso de un hombre que ha permanecido 19 días en la UVI. Y a muchos padres les hemos tenido que acompañar al Juzgado de Guardia para que les pusiesen protección policial para ver a sus hijos”, prosigue el presidente de la APFS Nacional.

Es el caso de Juan José Valero, que vive a miles de kilómetros de distancia de su hijo de siete años. Cuando el pequeño era un bebé, su ex esposa decidió, de forma unilateral e inesperada, trasladarse de Zaragoza a Tenerife. “Antes de embarcar presentó una denuncia por malos tratos. Gané el juicio por falta de pruebas... más tarde comprendí que era una estrategia, en primer lugar, para ganar tiempo y que no la denunciara por abandono de hogar, y después, para que saliera la sentencia de separación”.

A Juan José nunca le permitían ver a su hijo, ni con ordenes firmadas por el juez. “La familia de mi ex mujer me insultaba y me pegaba. Les denuncié por malos tratos. Empecé a tener problemas de salud, perdí 35 kilos y me quedé calvo. Intenté suicidarme en tres ocasiones”. Juan José conoció a su hijo cuando tenía tres años y medio. El juez le tuvo que poner escolta policial para poder ver al pequeño. “El verano pasado fue el primero que estuve con el niño. A penas tenía violencia física contra mí, verbal aún tenía un poco. Estas navidades ha estado más calmado”.

“Desde la Asociación también luchamos por cambiar la conciencia social. Queremos que se reconozca que el hombre es capaz de cuidar y educar a sus hijos, y creemos necesario que se haga un seguimiento para vigilar si verdaderamente los hijos están atendidos”, señala Juan Luis Rubio. La ex mujer de Luis César Villa Calvo, de Palencia, tiene a sus espaldas una sentencia por maltratar a su hija mayor y otra por posesión y consumo de cocaína. Igualmente, sometía al padre de sus dos hijas a maltratos físicos y psicológicos. Aún así, el juez no le ha retirado la custodia de las niñas.

“Mi ex mujer pegó a mi hija con una barra de hierro porque la niña le despertó, pero la Junta no me concedió la custodia, vio más lógico ingresarlas durante cuatro meses en un centro. Estoy arruinado y vivo con en casa de mi madre porque en la separación me quitaron el piso y tuve que pagar 4 millones de pesetas para recuperar las escrituras de la casa de mi madre”. La ex mujer de Luis César admitió en el juicio que el que se ocupaba de la casa y de las niñas era él. “Yo me encargaba de las niñas, compraba, hacía la comida y trabajaba en dos sitios diferentes. Mi hija mayor quiere venir a vivir conmigo porque ya ha visto muchas cosas. Pero lo triste no es que las haya visto, es que las sigue viendo”.


Pensiones temporales
Otras conquistas que quiere alcanzar la APFS son realizar la liquidación de los bienes gananciales en el momento del divorcio y sustituir las pensiones vitalicias por pensiones temporales de dos años como máximo. “Con las pensiones el estado nos pide que hagamos un esfuerzo mayor que el que hace él. Las pensiones compensatorias que se fijan rondan el 40% de los sueldos. Lo ideal sería que se repartieran los bienes en el momento de la separación y que cada uno rehaga su vida y trabaje”, comenta Juan Luis Rubio. En el caso de las mujeres de edad que se han dedicado toda su vida al hogar, “nosotros consideramos que es el gobierno el que tiene que hacerse cargo de sus carencias”, concluye.

“Para algunas personas el matrimonio es un chollo”, cuenta Tomás Bragado. Su matrimonio duró 33 meses y no tuvieron hijos. Su ex esposa tenía 27 años, era puericultora y el juez le fijó una pensión. “Dejé de trabajar y me descontaban 45.000 pesetas del paro a pesar de que ella estaba trabajando. No contentos con eso, el juez le hacía acreedora a los bienes raíces míos, es decir, a lo que yo heredase en un futuro”. Tomás es hijo único y, junto a sus padres, barajó la posibilidad de vender todo y marcharse al extranjero. “Mi padre había estado trabajando en Alemania y, según este juez, todo lo que había conseguido en su vida iba a ser para ella”, asegura Tomás. Durante meses adeudó la pensión a su esposa y pidió el divorcio. “Por suerte, mi divorcio cayó en un juzgado nuevo y le retiraron la pensión”.

(Reportaje de Ana Cano, publicado en INTERVIÚ el 5 de marzo de 2001)


LOS SUICIDAS NO MOLESTAN

Recientemente, el Ministerio de Asuntos Comunitarios de Australia ha puesto en marcha un programa para la prevención del suicidio entre los hombres separados. Según datos del propio Ministerio, las tasas de suicidio de ese colectivo son seis veces superiores a las de sus homólogos casados y doce veces más altas que las registradas entre las mujeres separadas. Evidentemente, son cifras que no entran en el cómputo habitual de víctimas de la violencia doméstica, aunque debieran; y si entrasen, tal vez el desequilibrio aparente de la balanza cambiaría de signo, es decir, de sexo.

Para la sociedad, los suicidas son gente cómoda. Sencillamente, se van sin hacer ruido. Pero, antes de trivializar su muerte, pongámonos en la piel de una persona a quien, de la noche a la mañana, echan de la casa que le ha costado veinte años de trabajo, le impiden todo contacto con sus hijos, le quitan la mitad del sueldo y le ponen ante la perspectiva de largos años de pleitos en los tribunales, con los consiguientes gastos. Imaginemos a una persona en ese callejón sin salida. ¿Cómo podrá salvar el abismo que se abre ante sí? ¿Cómo podrá levantarse después de una caída tan brutal?

¿Y qué pensará, a su vez, la ex del suicida, la que usó sin miramientos toda la inmensa fuerza que el Estado puso en sus manos? ¿Lamentará esa despedida silenciosa, porque con ella desaparece una fuente de fáciles ingresos? ¿Pensará para sus adentros que ha fallado en sus cálculos y ha tensado demasiado la cuerda? ¿O predominará la embriaguez de la victoria definitiva?

¿Y qué pasará por la cabeza de los pequeños huérfanos? ¿Qué historia les contarán? ¿Qué retrato de vileza e infamia  guardarán de su progenitor?  Sin duda, sus mentores podrán engañarles con cualquier cuento, para eso son niños. Pero nadie intelectualmente honrado podrá explicarles, cuando crezcan, que el expolio y la destrucción moral de su padre han redundado en beneficio de ese “interés superior del niño” que, supuestamente, tratan de preservar nuestros sistemas legislativo y judicial.

Antonio Javier Martínez Morcillo (Madrid) (Publicado en La Razón y en La Estrella Digital el 24 de febrero de 2001)


LOS OTROS NIÑOS DE EL ROYO 

Ahora que todos los ojos de la sociedad está puestos en el desdichado niño de El Royo y su rocambolesca historia, ahora que todo el mundo recuerda que los niños necesitan el calor de una familia para crecer y desarrollarse de forma plena y armoniosa, ahora que todos compadecen a ese pobre niño y lamentan la odisea judicial que está viviendo, quizás sea el momento de recordar a "los otros niños de El Royo", a los miles de hijos de parejas separadas a los que sólo se permite el contacto con su padre durante cuatro días al mes, a los del régimen de visitas administrado con cuentagotas, a los semihuérfanos que crecen privados del contacto con el padre. 

Sí, sin duda es el momento de pensar también en esos miles de niños cuyo padre, gracias a los prejuicios de nuestros sistemas legislativo y judicial, se ha convertido de la noche a la mañana en un mero "visitante" quincenal. Sin duda es el momento de recordar que existen miles de niños que se han visto sometidos a similares desgarros familiares y ajetreos judiciales y que, en virtud de nuestro régimen de custodia exclusiva, han sido privados de la presencia paterna de la noche a la mañana. ¿Acaso esos miles de niños que han visto cómo su padre es expulsado súbitamente de sus vidas no están también al borde de un abismo psicologico y emocional de consecuencias imprevisibles? 

Javier Álvarez (Las Rozas, Madrid) (Publicado en ABC y EL PAÍS DIGITAL el 24 de enero de 2001)


HUELGAS DE HAMBRE

Mientras escribo estas líneas, Len Miskulin se enfrenta, en el Reino Unido, a su 30º día de huelga de hambre, supongo que ya con su salud seriamente deteriorada.  Simultáneamente, Clayton Giles empieza en el Canadá su 16º día de huelga de hambre, que tampoco augura nada bueno. Len Miskulin es un padre separado que está dispuesto a morir para reivindicar su derecho a ver regularmente a sus hijos. Clayton Giles es un muchacho de catorce años que también se declara dispuesto a morir para defender su derecho a reunirse con su padre. Ambos son víctimas de un mismo prejuicio que prolifera como la mala hierba en los juzgados de familia de Occidente, de costa a costa: el prejuicio antinatural que, tras la ruptura del matrimonio, convierte a las madres en propietarias de sus hijos y a los padres en parientes lejanos y ocasionales.

 Por desgracia, parecen existir grandes posibilidades de que Len Miskulin acabe incorporándose sin tardanza al martirologio del padre separado. Su ejemplo empieza a cundir entre los padres separados del Reino Unido, donde se anuncian huelgas de hambre en cascada. Tal vez los varones abatidos por un régimen de divorcio que los deja en la  indigencia afectiva y material descubran que la huelga de hambre es bastante más incómoda para la sociedad que los actos de violencia desesperada. A los ojos del público, el suicidio puede trivializarse con un dictamen de enajenación transitoria. En cuanto a los actos de violencia de género, oficialmente suelen carecer de etiología, así que como mensaje de protesta son contraproducentes.  Pero la determinación concienzuda, lúcida y tenaz del suicidio por ayuno no puede trivializarse e ignorarse con tanta facilidad.

Esperemos que las autoridades británicas, en el primer caso, y las canadienses, en el segundo, entiendan que esos dos mártires en ciernes pueden llegar a convertirse en un mal ejemplo para los, hasta ahora, dóciles padres (e hijos) separados, y que su sacrificio puede ser semilla para nuevas autoinmolaciones.  Así se ahorrarán problemas futuros y nos evitarán a los demás el dolor de ambas muertes y el bochorno de pertenecer a una civilización que depara a padres e hijos esas dramáticas situaciones, no sabemos si por motivos inconfesables o por pura inercia jurídica.

Javier Álvarez (Madrid) (Publicado en LIBERTAD DIGITAL; EL PAIS DIGITAL y ABC; y LA RAZON, los días 15, 17 y 18 de enero de 2001, respectivamente).


FEMINISMO HASTA LA MUERTE

"Ahora resulta que algunos en este país se plantean el modelo austríaco-canadiense contra la violencia doméstica como un ideal a imitar. En estos lugares es donde en la hipotética pirámide social se perfila en la cúspide la hembra de la especie, seguida del perro, y donde comparten el último lugar, niños, viejos y varones. La estigmatización del sexo masculino ha llegado a tal punto que un policía tiene derecho a expulsarlo a uno indefinidamente de su propia casa, sin más formalidades que una simple acusación de violencia doméstica por parte de su compañera. A pesar de ello, ese uno seguirá pagando todas las facturas, gastos, cargas y demás etcéteras que dimanen del uso y disfrute, o del mal empleo, del bien del que ha sido coercitivamente excluido.

Los jueces de familia y los funcionarios destinados a los tribunales que llevan ese nombre, con la coartada del bienestar de los hijos, que les importan tan poco como los padres, le harán pasar las de Caín. Le recordarán que allí han perdido hasta su último derecho constitucional, y que son menos que la última escoria de las repúblicas. Y todo por qué: por una denuncia de la mujer, con pruebas o sin ellas.

¿Qué intereses políticos se esconden tras estas maniobras institucionales? ¿Por qué ese empeño en llevar la discordia y la injusticia hasta el más íntimo rincón del corazón de la sociedad?

¿De qué valen la separación de poderes, los avances en la democracia, el reconocimiento del ser humano y sus valores intrínsecos a los que hemos tardado tanto en llegar, si dejamos que un policía venga a decirnos que no tenemos casa, que un funcionario nos escupa a la cara que no tenemos hijos, ni ningún derecho sobre nuestros bienes?

¿Qué significa nuestra cultura? ¿Hacia dónde nos quieren llevar unos políticos que no consideran importante estudiar humanidades en las escuelas?"

Benito Kahlo, Viena (Austria)
28/11/2000 (Publicado en EL PAIS DIGITAL)


CONTRA LA VIOLENCIA, PERO CONTRA TODA

"Cuando desde un organismo público, en este caso el Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, se promueven campañas en contra o a favor de algo, lo primero que se debería tener en cuenta, dado que sus competencias abarcan a todos los ciudadanos del Estado, es no discriminar, ni por activa ni por pasiva, a una parte de ellos.

Por eso, no es de recibo la actual campaña contra los malos tratos domésticos, porque con ella se está trastocando y manipulando una realidad, tristemente cierta y dramática, pero que sólo se contempla de forma parcial y sesgada. Según el mensaje que transmite, parece que los malos tratos son debidos, única y exclusivamente, a los cometidos por los hombres contra las mujeres. Para nada se alude a la violencia que muchas de éstas ejercen, sobre todo, contra los niños. Salvo que los ideólogos de la campaña piensen que, cuando no hay sangre de por medio, la violencia no existe.

Quede muy claro que estoy en contra de cualquier tipo de violencia, y que apoyo sin reservas cuantas medidas se tomen por erradicarla, incluidas estas campañas de concienciación ciudadana. Pero dicho esto, también tengo que añadir que, por ejemplo, los juzgados de familia están llenos de casos de feroz e irracional violencia de muchas mujeres contra sus propios hijos, a quienes utilizan y maltratan de la manera más abyecta. Madres que impiden que sus hijos se comuniquen con el padre durante meses y años. Mujeres que son capaces de falsear y manipular los sentimientos de sus hijos, amenazarles, obligarles a mentir y, en definitiva, pisotear sus derechos de la forma más cruel y despiadada. ¿Acaso eso no es violencia doméstica? ¿Ni el Defensor del Menor, ni el del Pueblo tienen nada que decir al respecto? Y conste, que se cuentan por miles los niños y adolescentes que están sometidos continuamente a estas brutalidades. Algunos incluso desde que nacieron.

Lo incomprensible es que, ante semejantes situaciones, hasta los jueces, máximos garantes de los derechos y libertades de los ciudadanos (y se supone que los niños también lo son) miran hacia otro lado como si la cosa no fuera con ellos. Su pasividad e indolencia es total en estos casos. ¿Por qué?"

Alfonso Andrés Blanco, Madrid
23/11/2000  (Publicado en EL PAÍS DIGITAL)


LAS CUENTAS, CLARAS

"Leo con gran perplejidad las afirmaciones de la Comisaria de Asuntos Sociales de la Comisión Europea, Anna Diamantopoulou, según las cuales la violencia doméstica causa más muertes y discapacidades en las mujeres de edades comprendidas entre los 15 y los 44 años que el cáncer, la malaria, la guerra y los accidentes de tráfico.

No soy especialista en estadísticas, pero como remedio de urgencia consulto en Internet lo primero que encuentro: los datos sobre mortalidad del Instituto de Estadística de Andalucía, con las cifras correspondientes a esa región para 1997 y primer trimestre de 1999. Pues bien, la mortalidad por tumores correspondiente a ese grupo de edad ascendió en 1997, sólo en Andalucía, a 358 defunciones, cifra cinco o seis veces superior a las defunciones resultantes de la violencia doméstica en toda España. Los datos de 1999 son similares, y supongo que habrá que añadir otras muchas defunciones por otros tipos de cáncer. Los especialistas podrían seguir con los demás sumandos: malaria, guerra y tráfico.

No trato de llevar el agua a ningún molino ni de justificar comportamientos injustificables, pero me pregunto a dónde conduce toda esta desinformación repetida machaconamente un día tras otro, publicada asépticamente por los medios informativos y aceptada sin rechistar por casi todo el mundo."

Javier Álvarez, Las Rozas (Madrid)
24/11/2000 (Publicado en EL PAIS DIGITAL)


Niños sin padre

"¿Sabía usted, lector, que en virtud de la legislación vigente, en los casos de separación y divorcio se concede generalmente a la madre la guardia y custodia de los hijos y se reserva al padre un régimen de visitas que les permite verlos sólo en fines de semana alternos y la mitad de las vacaciones escolares?

¿Sabía que, como consecuencia, miles de niños españoles se ven privados habitualmente de la presencia de su padre, con el que sólo pueden convivir en circunstancias excepcionales, y que con los niños de corta edad el régimen de visitas es más limitado?  

Esa situación de ausencia del padre afecta negativamente al desarrollo armónico y equilibrado del menor. Por ello, resulta indispensable una nueva legislación que reconozca de forma explícita y clara el derecho del menor a beneficiarse por igual de la compañía, el afecto, los cuidados y la responsabilidad de sus dos progenitores. ¿Hay algo más urgente que devolver a tantos miles de niños el padre que les han quitado?"

(N. López, "Carta al Director" de ABC, 16 de diciembre de 1999)


EN EL DÍA DEL PADRE

"Lo de menos es que hoy, al igual que tantos padres separados, no pueda ver a mi hija. Eso es una gota en el océano.

 Lo que cuenta es que, por decisión de los tribunales, miles de padres sólo puedan estar con sus hijos cuatro días al mes, no tengan posibilidad de tomar ninguna decisión sobre su  educación u otros aspectos fundamentales de su vida y deban resignarse a verlos crecer de lejos. Lo que importa es que la figura del padre se convierta en una referencia remota, algo que te quiere mucho, pero que siempre está lejos, que no decide, que no cuenta... Alguien que pordiosea en vano unas horas de visita los miércoles o que trata de opinar inútilmente sobre el rumbo de tu educación, un cero a la izquierda...

 Lo que cuenta es que el niño no tenga padre durante 27 días al mes porque un prejuicio anacrónico pretende que los niños necesitan a su madre, pero no a su padre. Con cargo a esa lógica, uno de los dos progenitores estaría también de sobra en la institución familiar. ¿O es que la figura del padre es entrañable e insustituible mientras está casado y superflua a partir del momento de la separación?

 Lo que importa y estremece es que una situación jurídica de esta naturaleza haya resultado indiferente a los legisladores durante decenios, aún cuando la inmensa mayoría de la sociedad reconoce que no es buena para nadie, y mucho menos para el niño.

Lo del día del padre es una anécdota, pero permítanme que la aproveche para recordar a los miles de hijos que viven una situación de injustificable orfandad artificial." 

(J. Robert, "Carta al Director" de ABC, 19 de marzo de 2000)


régimen de visitas

"Entre los numerosos círculos cuadrados que llenan nuestra pizarra jurídica y jurisprudencial, hay uno que nunca podré llegar a entender, y es el régimen de visitas establecido en los casos de separación y divorcio. 

Si ya es de por sí bastante contradictoria esa forma de interpretar la igualdad constitucional consistente en atribuir sistemáticamente la guardia y custodia de los hijos a la madre, con todas las ventajas personales y materiales que ello conlleva, más extraño aún me parece un régimen de visitas que, en general, permite que los hijos vean a sus padres en fines de semana alternos, es decir, cuatro días al mes. 

Que alguien me explique el enigma de ese círculo cuadrado: ¿es que ser huérfano es mejor que tener padre?"

(J. Álvarez, "Carta al Director" de ABC, 14 de noviembre de 1999)

 
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