ARTÍCULO PUBLICADO POR EL DIARIO BRITÁNICO DAILY MAIL EL JUEVES 28 DE DICIEMBRE DE 2000

"Ustedes nunca oyeron hablar de Len Miskulin, pero este ingeniero de British Telecom, de 49 años de edad se ha declarado en una huelga de hambre tan estricta que sus amigos y parientes empiezan a temer por su salud.

Sin embargo, Len se niega a escuchar a quienes le suplican que coma, ya que piensa que la huelga es su única oportunidad para conseguir ver a sus hijos, Matthew, de diez años, y Steven, de siete.

Porque Len es uno de los incontables miles de hombres divorciados a los que sus ex mujeres impiden ver a sus hijos. Es muy frecuente que esas mujeres hayan abandonado a sus maridos contra el deseo de éstos, pero es a las mujeres a quienes tradicionalmente compadecemos. Sólo ahora empieza la sociedad a percatarse de que también existen víctimas masculinas.

Al igual que Len, esos hombres tendrán que pasar la fiesta de Navidad solos. Para todos ellos, ése será el día más sombrío del año.

"Añoro terriblemente a mis hijos, y lo peor es que no he hecho nada para merecer que me los quiten", dice Len, que vive en Loughton, Essex. Ciertamente, no lo hizo.

El 8 de julio del presente año, [nombre en blanco], su compañera durante 13 años, lo abandonó llevándose con ella a sus hijos. Len descubrió más tarde que ella mantenía relaciones con un hombre de más edad. Aunque [nombre de un hijo en blanco] y [nombre del otro hijo en blanco] están con [nombre de la madre en blanco] en casa de los padres de ella en [nombre del barrio en blanco], a tan sólo cuatro millas de distancia, Len no ha visto a sus hijos desde el 5 de octubre.

Su mujer ha obtenido una orden judicial que prohíbe a Len el contacto con sus hijos hasta que se establezca legalmente un régimen de visitas.

Len se encuentra destrozado y, como muestra del extremo al que han llegado sus sentimientos, está en huelga de hambre desde el sábado 16 de diciembre.

Mientras los demás devorábamos el pavo y su guarnición, Len se quedó sin comer.

Insiste en que fue una tortura, pero está decidido a demostrar que tiene razón.

"Pienso que he sido tratado muy injustamente y deseo que se preste atención al hecho de que el sistema jurídico está lleno de prejuicios contra los padres.

"Yo quería a [nombre de la madre en blanco] con toda mi alma y los 13 años que vivimos juntos fueron los más felices de mi vida", dice con los ojos llenos de lágrimas.

"Yo he criado a esos niños, me gustaba jugar con ellos, cambié sus pañales y me levanté para atenderlos durante la noche. Cuidé tanto de ellos y fui tan padre como lo fue Helen, pero de repente ella tiene poder para impedirme verlos. No puedo creer que los tribunales no me permitan estar con ellos. Es tan injusto..."

Un vértigo de sentimientos traicionados, soledad y desesperación ha conmocionado a este hombre, normalmente tranquilo, hasta el fondo del alma. Realmente, no sabe cómo asumir el hecho de que la madre de sus hijos haya optado por destruir su familia, y admite que le cuesta trabajo pensar racionalmente.

"Añoro mucho a mis hijos. Toda mi vida está en ruinas y he decidido emprender una huelga de hambre para tratar de mostrar a Helen y a los tribunales hasta qué punto estoy desesperado. Muchos hombres se limitarían a aceptar esta situación, pero yo no puedo, sencillamente no puedo".

No hace falta decir que el día de Navidad fue para Len un día sombrío y solitario en la que fue casa familiar, con el agua por único alimento. Aún cuando no se apruebe el extremismo de sus acciones, no se puede menos de compadecer su situación.

Len ha recibido mensajes por correo electrónico de padres de toda Gran Bretaña que se encuentran en situaciones similares, e incluso de América, Canadá y Nueva Zelandia. Como es natural, la mayor parte de ellos le aconsejan que abandone la huelga de hambre y continúe su campaña por medios menos drásticos, pero, por encima de todo, la fuerza de los sentimientos suscitados por su caso es innegable. Otro hombre -David, de Liverpool- escribía ayer a Len: "Yo también pasé en solitario el día de Navidad, con la televisión y la comida hecha en el microondas por toda compañía, mientras mis hijas se hallaban tan sólo a unas 10 millas, pero sin poder verme. Te deseo la máxima suerte. Ya es hora de que la gente se dé cuenta de que los hombres también tenemos sentimientos".

Está por ver si la huelga de hambre permitirá a Len alcanzar sus objetivos. Sin embargo, lo que no puede negarse es que, en esta época en que se disparan las tasas de divorcio, la Navidad ya no es, para muchos, un sencillo día de celebraciones en familia. En realidad, para Len y otros muchos hombres como él ha constituido una de sus más duras experiencias como padres.

El tormento del divorcio y sus secuelas se han explicado suficientemente desde el punto de vista de las esposas y los niños afectados, pero los hombres han sido olvidados casi siempre. Como los hombres han sido siempre poco inclinados a hablar de sus sentimientos de soledad y abandono, la sociedad se contenta con cerrar los ojos y no ver su angustia. Sin embargo, cada vez son más los padres divorciados que empiezan a hablar del dolor que les causa la separación de sus hijos, en particular en esta época del año, cuando la perspectiva de pasar las vacaciones en soledad es casi imposible de soportar."  

Texto original en inglés: http://members.brabant.chello.nl/~g.tenbroek/hunger/httpwwwrichel_org.htm