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LA CÁRCEL POR DECIR ¡HOLA! El caso de un padre inglés condenado a diez meses de prisión por haber tratado de mantener un mínimo contacto con sus hijos, pese a los impedimentos puestos por su ex mujer El caso de Mark Harris El
23 de marzo de 2001, Mark Harris fue condenado a diez meses de prisión
por decir "hola" a sus hijas. Mark había sido encarcelado en
una ocasión anterior por decir adiós con la mano a las niñas cuando iban
a la escuela.
Mark
ha presentado 114 denuncias por incumplimiento del régimen de visitas. La
obstrucción del régimen de visitas establecido en las sentencias
constituye desacato al tribunal, pero el poder judicial cierra los ojos
ante esa infracción y, en cambio, encarcela a un buen padre por el delito
de tratar de ver a sus hijas. Actualmente,
Mark está en huelga de hambre debido al injusto trato recibido de los
tribunales británicos, que, sin embargo, toleran la violación de los
derechos humanos de miles de niños cada año. Los
"delitos" de Mark Mark
cumple pena de diez meses de prisión y multa de 500 libras por desacato
al tribunal, ya que se le imputan los hechos siguientes:
Estas
terribles acciones se consideraron desacato de las órdenes del tribunal y
determinaron que Mark fuese sacado inmediatamente del tribunal esposado. Mark
es un hombre que ha hecho todo lo posible para neutralizar el veneno
inoculado en las mentes de sus hijas contra él. Es un padre que ama a sus
hijas, un trabajador que no puede entender por qué el Estado tolera que
le separen de ellas, que enseñen a esas niñas a odiar a su padre y
consideren que los esfuerzos paternos por verlas constituyen el máximo
desacato al tribunal. Ahora Mark es un convicto. Sin embargo, los mismos
tribunales que lo han condenado suelen alegar que no pueden encarcelar a
las madres que obstruyen el régimen de visitas con total impunidad
porque el encarcelamiento de la madre no respondería al mejor interés de
los hijos. Al parecer, encarcelar al padre por motivos triviales les
parece perfectamente aceptable. ¿Morirá
Mark en la cárcel? Inmediatamente
antes del encarcelamiento de Mark, almorcé con él. Sus abogados
esperaban que no fuese enviado a prisión, pero él estaba algo
asustado y receloso. Me dijo que si lo enviaban a prisión, iniciaría
inmediatamente una huelga de hambre total -sin alimentos ni líquidos- y se
suicidaría en la primera ocasión que tuviese. Rezo para que eso no ocurra, aunque
puedo comprender la desesperación que Mark ha de sentir. Suponiendo
que Mark sobreviva, no me cabe la menor duda de que la sentencia será
recurrida y, en última instancia, el caso acabará ante el Tribunal
Europeo de Derechos Humanos. Mark
mantiene una huelga de hambre total y se halla actualmente en la sección
hospitalaria de la prisión de Pentonville. (Nota: El 2 de mayo de 2001, el Tribunal de Apelación examinará el recurso interpuesto por Mark contra la sentencia que le ha llevado a la cárcel).
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