La encuesta de embudo

              

   Las gafas verdes

   El género

   Las medias verdades

      
 
LA ENCUESTA DE EMBUDO

Instrumento de gran eficacia para obtener resultados prediseñados a gusto del consumidor, que después pueden transformarse en propaganda, medidas legales, directrices, subvenciones, etc. 

Ejemplo destacado es la macroencuesta de marzo de 2000 sobre "la violencia contra las mujeres". Permitió determinar que en España había dos millones de maltratadas (ver prensa). Para ello, se consideró "mujer maltratada" a la que respondiese con las palabras "frecuentemente" o "a veces" al menos a una de las trece preguntas siguientes, referidas al marido o compañero:

  • ¿Le impide ver a la familia, o tener relaciones con amigos, vecinos?
  • ¿Le quita el dinero que Vd. gana, o no le da lo suficiente que necesita para mantenerse?
  • ¿Le insulta o amenaza?
  • ¿Decide las cosas que Ud. puede o no hacer?
  • ¿Insiste en tener relaciones sexuales aunque sepa que usted no tiene ganas?
  • ¿No tiene en cuenta las necesidades de Vd (le deja el peor sitio de la casa, lo peor de la comida...)?
  • ¿En ciertas ocasiones le produce miedo?
  • ¿Cuando se enfada llega a empujar o golpear?
  • ¿Le dice que a donde va a ir sin él (que no es capaz de hacer nada por si sola)?
  • ¿Le dice que todas las cosas que hace están mal, que es torpe?
  • ¿Ironiza o no valora sus creencias (ir a la iglesia, votar a algún partido, pertenecer a alguna organización)?
  • ¿No valora el trabajo que realiza?
  • ¿Delante de sus hijos dice cosas para no dejarle a Ud. en buen lugar?

Como la encuesta no se aplicó a los hombres, los periódicos no pudieron sorprendernos al día siguiente con la insólita noticia de que también había dos millones de varones maltratados. Ni se pudo emprender el correspondiente plan para combatir la violencia contra los hombres. Ni adoptar las pertinentes medidas jurídicas y administrativas, incluidas las gigantescas campañas de sensibilización. Ni destinar varios miles de millones de pesetas del presupuesto a la lucha contra esa otra rama de la violencia.

Pero, sin duda, en la próxima macroencuesta se corregirá esa pequeña omisión.

(Para mayor pasmo y perplejidad, véase la "macroencuesta" francesa)

 

 

LAS GAFAS VERDES

¿Recordáis la historia de "El Maravilloso Mago de Oz"? En su Ciudad Esmeralda todo era verde: las casas, las piedras, las monedas, los vestidos, la barba de los hombres, la piel de los niños... Mejor dicho, todo parecía verde, porque sus habitantes estaban obligados a llevar unas enormes gafas de ese color, bien encajadas y sólidamente cerradas en la parte posterior de la cabeza con un candado cuya llave custodiaba El Guardián de las Puertas.

Desde entonces para acá, el mundo ha cambiado mucho y hay modelos de gafas menos aparatosos y candados apenas visibles, pero los respectivos Magos de Oz de las distintas Ciudades Esmeralda no han olvidado nunca la importancia de que la ciudadanía mantenga puestas las gafas noche y día, no sea que atisbe el verdadero color de las cosas...

El 28 de noviembre de 1999, el programa de televisión Documentos TV emitió el reportaje "La maté porque era mía", que tuvo una segunda edición el 10 de septiembre de 2000, titulada "O Mía... o de Nadie". El documental se presentó bajo esta concluyente declaración: "60 millones de mujeres y niñas mueren cada año en el mundo a causa de la violencia doméstica".  La prensa se hizo eco de la cifra y la repitió sin vacilar, en unas ocasiones referida a mujeres y niñas y en otras únicamente a niñas; las hemerotecas guardaron la noticia en sus archivos; y las instituciones premiaron el reportaje. Millones de telespectadores, parapetados tras la opacidad de nuestras gruesas gafas verdes, nos horrorizamos ante tanta barbarie, tanto ensañamiento repetido 60 millones de veces cada año... 

Sin embargo, nos consta que hubo un ciudadano que empezó a hacer números y cayó en la cuenta de que, si en el mundo había 6.000 millones de habitantes, 60 millones equivalían al 1% de esa cifra y, en consecuencia, dedujo que la cantidad alícuota que correspondía a España, con sus 40 millones de habitantes, tendría que ser de ¡400.000 mujeres muertas por violencia de pareja cada año! 

Y nos consta también que otro particular, al que la cantidad resultaba extrañamente desmesurada,  empezó a cavilar y dedujo que, si en el mundo había 6.000 millones de personas, de las cuales la mitad -más o menos- eran mujeres, resultaría que en 50 años todas las mujeres del mundo habrían sido asesinadas por su pareja, o lo que es lo mismo, que en 50 años, todos los varones del mundo habrían matado al menos a una  mujer. Para mejor fundamentar sus teorías, consultó bases de datos demográficos  y averiguó que el número de personas que habían fallecido en el mundo en el año 2000 ascendía a 54.409.824. Con esos datos pudo establecer un nuevo principio de aritmética feminista, formulado en estos asombrosos términos:

Cada año mueren en el mundo 54.409.824 personas, de las que 60.000.000 son mujeres víctimas de la violencia doméstica.

Pero esos dos ciudadanos hacía tiempo que habían descubierto el truco para quitarse las engañosas gafas verdes.

 

 

EL GÉNERO

En la Conferencia de Beijing sobre la Mujer (1995) se definió el género como un conjunto de roles o funciones asignados social y culturalmente a uno u otro sexo, y se aclaró de paso que esos roles son construcciones sociales que no tienen nada que ver con la realidad biológica de la persona. Dicho de otro modo: nacemos asexuados (lo de menos es, al parecer, nuestra configuración genital y nuestro cromosoma diferencial) y acabamos siendo hombres o mujeres en función de la educación que nos inculquen y de la cultura en que nos desarrollemos. O sea, nuestra masculinidad o feminidad son meras construcciones sociales.

Ahora bien, según las ideólogas del género, esas construcciones sociales son resultado de una tradición patriarcal y opresiva,  y es necesario "desconstruirlas" hasta borrar las huellas del patriarcado opresor y alcanzar la perfecta homogeneidad.

[Aquí cabría preguntarse si compartimos o no con el resto de los mamíferos esta herencia "construida", es decir, si los comportamientos sexuales de nuestros primos lejanos de otras especies tienen algo que ver con las previsiones reproductoras de la madre naturaleza o son también meras "construcciones" del "patriarcado opresor" ejercido por los machos de cada especie].

Al parecer, cuando culmine tal proceso de "desconstrucción" habrá desaparecido la actual categorización de los sexos -masculino y femenino- y ya no serán predominantes o mayoritarias las orientaciones heterosexuales actuales (resultado de la inculcación patriarcal), sino que las personas se decantarán, indistintamente, por una o varias de las cinco combinaciones sexuales posibles: hombre heterosexual, mujer heterosexual, hombre homosexual, mujer homosexual y personas bisexuales. O sea, lo que ahora es excepción (el porcentaje minoritario de tendencias homosexuales de uno u otro signo) será la norma, una vez finalizado el proceso de "desconstrucción". 

[Entre tanto, para facilitar la cosa, podríamos empezar a descontar generaciones hacia atrás y a remontar siglos y milenios, subir paleolítico arriba y desandar toda la línea evolutiva de la especie humana hasta llegar al infausto momento en que las cosas se torcieron y apareció la dichosa heterosexualidad patriarcal. Eso sí, sólo atrincherados en el más absoluto desconocimiento de la prehistoria y la paleoantropología podremos elucubrar sobre esa especie de sopa sociológica y asexuada en que, al parecer, consistía la humanidad prepatriarcal y a la que el feminismo de género nos quiere llevar de retorno.]

Según esa ideología cerrada y asfixiante, nada es válido, todo debe ser desconstruido, porque todo está inspirado en valores patriarcales opresores. No caben argumentaciones en contra, porque se considerarán una formulación patriarcal y machista más, que también habrá que desconstruir. No hay salida posible: lo masculino es lo malo.

Tal vez por eso las feministas más radicales ponen tanto empeño en hablar de "violencia de género", en lugar de "violencia doméstica", porque en el primer caso la culpabilidad es siempre unidireccional (el varón ejerce violencia contra la mujer por el mero hecho de su género). Y no digamos las consecuencias sociales que puede tener una formulación así para los padres separados: cuanto más lejos estén de sus hijos, mejor; así tendrán menos posibilidades de ejercer su negativa influencia patriarcal y más fácil será llevar a término la cruzada de desconstrucción social.

Cabe  preguntarse si los miles de asociaciones, grupos y subgrupos feministas que pregonan por doquier su adscripción a la ideología de "género" se considerarán investidos de esa implacable misión de desconstrucción social...

Enlaces de interés:

 

 

LAS MEDIAS VERDADES  

Artefacto de gran eficacia desinformativa, predilecto de los estados mayores feministas para su absurda guerra de sexos. La táctica es simple: presentar sistemáticamente a la opinión pública los aspectos de la realidad que conllevan desventajas para mujer, y omitir sistemáticamente los que conllevan desventajas para el hombre.  Veamos algunos ejemplos:

Media verdad... ...y la otra media
Las mujeres cobran únicamente el 80% de lo que cobran los hombres           Como promedio, las mujeres trabajan 400 horas menos al año que los hombres; realizan la décima parte de las horas extras; optan mucho más por los horarios a tiempo parcial y mucho menos por el pluriempleo; tienen menor antigüedad o especialización en muchos de los empleos mejor remunerados; sufren sólo el 5% de los accidentes laborales (ya que no realizan los trabajos más peligrosos y, en consecuencia, mejor pagados); y realizan con mucha menor frecuencia que los hombres trabajos nocturnos o de fin de semana.
Una de cada tres mujeres es o ha sido víctima de violencia doméstica Uno de cada tres hombres ha sido igualmente víctima de violencia doméstica, sobre todo si entendemos por violencia doméstica comportamientos triviales de la vida cotidiana como palabras desagradables, discusiones o insultos (ver macroencuesta de embudo). Sólo que las encuestas de ese tipo se aplican únicamente a las mujeres.
Cuando ambos cónyuges trabajan fuera del hogar, las mujeres dedican a las tareas domésticas más horas que los hombres. Como promedio, el hombre empleado a tiempo completo dedica semanalmente 8 horas más a su trabajo que la mujer empleada a tiempo completo. Además, la mayoría de los empleos a tiempo parcial los desempeñan mujeres; y, como promedio, los hombres se desplazan más lejos del hogar para acudir a su trabajo y realizan tareas con mayor desgaste físico. 
El Estado no presta suficiente atención sanitaria específica a la mujer. A comienzos del siglo XX, la esperanza de vida de hombres y mujeres era similar, a pesar de que el colectivo masculino vivía más peligrosamente que el femenino. Actualmente, la esperanza de vida de la mujer supera en 7 años la del hombre.
En el año 2000, murieron en España 67 mujeres víctimas de la violencia doméstica. ...Y también 44 hombres. Y otros 1.124 hombres (y 444 mujeres) fueron víctimas de homicidio o asesinato.
El 50 por ciento de las separaciones se realizan de común acuerdo, sin que el padre solicite la custodia. En el 95 por ciento de las separaciones, la guardia y custodia se atribuye automáticamente a la madre, por lo que, para un hombre, solicitarla es perder tiempo y dinero. En tales condiciones, bajo ese "común acuerdo" subyace la resignación del hombre que lo tiene todo perdido de antemano y no desea gastar dinero, tiempo y salud en batallas estériles.
En la mayoría de los casos, el hombre es el perpetrador de las formas más extremas de violencia de pareja. Aproximadamente, el 85% de los homicidios  cometidos por hombres contra su pareja se producen en un contexto de divorcio en que el hombre lo pierde absolutamente todo. Son actos desesperados que, con frecuencia, culminan en el suicidio del perpetrador. Son crímenes evitables.
Al menos 130 millones de mujeres han sido obligadas a someterse a mutilación genital... ...practicada sistemáticamente por mujeres. Asimismo, unos 650 millones de hombres han sido obligados a someterse a mutilación genital (circuncisión).
     

Muchos compañeros o amantes ocasionales suelen, en caso de embarazo no deseado o no previsto, desentenderse del futuro hijo e imponer la responsabilidad de su crianza a la mujer, que -según los postulados feministas- ha sido siempre la "clase explotada" de las relaciones sexuales.

 

Muchas compañeras –ocasionales o estables- y esposas hacen pasar por padre de sus hijos e imponen la responsabilidad de su crianza a quien no es su progenitor biológico, como muestran los datos siguientes:

  • Los análisis hospitalarios realizados rutinariamente a padres e hijos en relación con determinadas enfermedades congénitas arrojan resultados del 12 por ciento, como promedio, de falsas paternidades.

  • Los análisis realizados a instancia de parte (en contextos de divorcio y similares) por la Asociación de Donantes de Sangre de los Estados Unidos (American Association of Blood Banks) sitúan los porcentajes de falsas paternidades en un 28,2% en 1999, un 27,9% en 2000, un 29,06% en 2001, etc).

[Si tales cifras se producen en esta época de anticonceptivos, abortos y maternidades planificadas, ¿qué porcentajes de fraude de partenidad cabe atribuir a la supuesta "clase explotada" de las relaciones sexuales en épocas pasadas?]