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LA
TRÁGICA HISTORIA DE WILLIAM HETHERINGTON
"Toda
persona acusada de delito tiene derecho a que se presuma
su inocencia mientras no se pruebe su culpabilidad"
(Declaración Universal de los
Derechos Humanos, art. 11)
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William Hetherington con su hija
Michelle cuando ésta tenía 9 años
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William
Hetherington cumple actualmente una sentencia a 30 años de
reclusión en el Penal del Estado de Michigan (EE.UU.) por un delito,
nunca probado, de abusos sexuales.
Acusado de violar a su mujer, permanece en prisión desde el
24 de septiembre de 1985, y probablemente pasará el resto de su
vida en la cárcel. El
juicio se celebró en el contexto de una dura batalla de divorcio y
custodia. Como su
esposa, Linda Hetherington, había abandonado el hogar familiar
meses atrás, era previsible que los tribunales concediesen la
custodia exclusiva a William.
El veredicto se basó únicamente en la declaración de Linda, en contradicción con la versión del acusado y con el
informe médico.
William
Hetherington se vio obligado a defenderse a sí mismo en el tribunal
penal al mismo tiempo en que se desarrollaba su proceso de divorcio.
El tribunal de familia bloqueó sus cuentas y bienes cuando
tuvo conocimiento de las acusaciones de abuso sexual, y el tribunal
penal, negándose a reconocer que William no tenía recursos económicos,
le negó el derecho a un abogado de oficio.
Mediante promesa de pago, William obtuvo un asesoramiento jurídico
mínimo que le permitió defenderse a sí mismo en las precarias
condiciones que es fácil imaginar.
Ante
el tribunal, William Hetherington admitió que él y su esposa habían
mantenido relaciones sexuales consentidas el día de la supuesta
violación. El fiscal
negó credibilidad a su versión, afirmando que el acusado no tenía
más remedio que admitir la existencia de esas relaciones sexuales,
demostradas por la presencia de semen con esperma en unos
pantalones tejanos de Linda. No se hizo análisis de ADN para
comprobar a quién pertenecía el semen. Sin embargo, William
Hetherington se había sometido años atrás a una operación de vasectomía,
por lo que su semen no contenía esperma. No se cayó en la cuenta
de este detalle crucial hasta nueve años más tarde, cuando la
asociación National Coalition of Free Men (NCFM) aportó los
3000 dólares necesarios para adquirir una transcripción oficial de
las actuaciones judiciales y se conocieron los pormenores del
proceso. El día de la supuesta violación, Linda Hetherington había
estado en casa de su novio antes de visitar a William.
Cabe sospechar que el semen existente en sus pantalones
tejanos pertenecía a su novio, pero éste nunca fue llamado a
declarar.
| Como
tantos hombres acusados de abusos sexuales en contextos de
divorcio, William Hetherington se vio confrontado a la
arbitraria inversión de la carga de la prueba que los
tribunales suelen practicar, cada vez con mayor frecuencia, en
tales casos. La presunción de inocencia consagrada por la
Declaración Universal de los Derechos Humanos se convierte, para
muchos hombres acusados por una ex esposa vengativa, en
presunción de culpabilidad.
El derecho anglosajón utiliza una peculiar expresión
para referirse a ese tipo de prueba de la inexistencia de un
hecho: "devil's
way of proving", es decir, prueba diabólica. |
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A
William se le ofreció una salida barata y fácil. El primer día del juicio, el juez le ofreció la posibilidad
de acogerse a un acuerdo de admisión de culpabilidad (procedimiento
denominado "no content plea bargaining":
negociaciones entre el fiscal y la defensa en las que, a cambio de
que el acusado admita su culpabilidad, el fiscal acepta reducir los
cargos en su contra) que le habría permitido salir inmediatamente
en libertad (por entonces había pasado ya 11 meses en la prisión
del condado). William,
que siempre se ha declarado inocente, rechazó el ofrecimiento, fue
a juicio y resultó condenado.
De ese modo, el mismo juez que le había ofrecido la
posibilidad de declararse culpable y salir en libertad –y que, por
lo tanto, no consideraba que William constituyera ningún peligro
para Linda ni para la sociedad- lo sentenció a 30 años de cárcel,
a pesar de que el acusado carecía de antecedentes penales.
En
la causa seguida contra William Hetherington no se formularon
acusaciones de violencia doméstica, ni tampoco durante los 16 años
que duró su convivencia con Linda.
Sin embargo, antes de ser acusado de violación, William había
presentado una denuncia contra su esposa por las agresiones físicas
que ésta le había infligido y cuyas secuelas se documentaron
mediante las fotografías del pecho de William tomadas por la policía.
El médico que examinó la vagina de Linda Hetherington no
halló ninguna lesión, e indicó que tal ausencia de lesiones era
extraña en caso de penetración forzada.
Aunque el examen médico no demostraba de modo concluyente la
inexistencia de violación, lo cierto es que no se aportó en ningún
momento prueba alguna de que la violación hubiese tenido lugar.
La única violencia probada fue la de Linda contra William.
Durante
los 11 meses que mediaron entre la detención de William y la
sentencia condenatoria, Linda acudió a la cárcel en ocho ocasiones
para visitar al acusado de forma espontánea y aparentemente
amistosa, y le indujo a creer que deseaba la reconciliación y la
reanudación de la vida matrimonial.
Esta circunstancia contribuyó a suscitar en el acusado la
idea de que, a pesar de su indefensión, el caso tendría pronto una
solución favorable para él.
El
11 de diciembre de 1986 se pronunció la sentencia que condenaba a
William Hetherington a una pena de treinta (30) años. El condenado no
pudo apelar por falta de recursos.
Actualmente, los tribunales siguen negándose a reconocer que
carece de recursos económicos.
En el registro de sumarios del tribunal penal consta que,
para el 7 de julio de 1986, se había señalado una vista probatoria
que nunca llegó a celebrarse, ni se aplazó para otra
fecha. Hasta ahora,
todos los intentos realizados por William para que se revise su caso
han fracasado, en particular, por su falta de recursos para
contratar abogados.
A
pesar de los sólidos indicios a favor de su inocencia, William
Hetherington, acusado sin pruebas por una mujer con un poderoso móvil
(la custodia) para formular una acusación falsa, lleva ya dieciocho años en la cárcel.
(15
de agosto
de 2003)
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| El
caso de William Hetherington suscitó en su momento un vivo
interés, por ser el primer hombre condenado en aplicación de
la entonces recién promulgada ley antiviolación del Estado
de Michigan. En agosto de 1994, su caso fue analizado
nuevamente en profundidad por la revista Insight
On The News Magazine. En 1999, cuando surgió la posibilidad de que se le
concediese la libertad bajo palabra, hubo nuevos artículos y
debates. Como señala uno de los abogados que se han ocupado
de la defensa de William, la fuerza electoral del feminismo
radical ha condicionado, sin duda, algunas de las decisiones
adoptadas por los tribunales en el caso.
Pero,
¿cuántos hombres habrán sido igualmente condenados sin
pruebas en virtud de esa ley u otras similares sin
beneficiarse tan siquiera de esa modesta notoriedad?
¿Acaso no es razonable esperar resultados análogos de
la jurisprudencia
reiteradamente establecida por nuestro Tribunal Supremo,
según la cual "el testimonio de la víctima, aunque no
haya otros testigos del hecho delictivo, puede ser en estos
casos suficiente para fundamentar una condena y desvirtuar la
presunción de inocencia"?
¿Cuántos
William Hetherington
anónimos sufrirán los efectos combinados de esa jurisprudencia
y de la recién promulgada
Ley que regula la Orden de Protección contra las Víctimas de la
Violencia Doméstica,
que prevé un plazo máximo de 72 horas entre la denuncia y la
sentencia y, aparte de los efectos penales para el acusado,
conllevará la adopción de medidas a favor de la denunciante que
"podrán consistir en la atribución del uso y disfrute de la
vivienda familiar, determinar el régimen de custodia, visitas,
comunicación y estancia con los hijos, el régimen de prestación
de alimentos, así como cualquier disposición que se considere
oportuna a fin de apartar al menor de un peligro o de evitarle
perjuicios"?
¿No es legítimo suponer que, ante la perspectiva de un largo
divorcio contencioso, muchas mujeres preferirán acogerse a las
ventajas de esos "incentivos" legales y optar por una cómoda
denuncia falsa que les permita deshacerse del marido y
apoderarse de todos los "activos" familiares (custodia
incluida) en menos de 72 horas? |
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