HAN SECUESTRADO A MI HIJA

El relato de un padre que aceptó confiado los términos de una separación amistosa y, al cabo de tan sólo unos días, comprendió desengañado que su hija de cuatro años se había convertido en un rehén en manos de su madre. La inoperancia y pasividad judicial han hecho posible que ese padre y su hija sigan sin verse al cabo de diez meses de separación. ¡Una eternidad en la vida de una niña de cuatro años!

"El pasado diciembre, mi compañera y yo, que hasta ese momento habíamos tenido una relación de cinco años y de la cual había nacido una hija que actualmente tiene cuatro años, decidimos romper nuestra relación, pues la vida en pareja no era muy soportable que digamos. Habíamos llegado a un acuerdo tanto en el horario de visitas como en la cantidad económica que yo, como padre, debería pasar en concepto de pensión alimenticia. Sólo quedaba refrendarla en un juzgado.

Pues bien, todavía no sé si es que mi compañera pensaba que era un farol mío o es que ella iba de farol, pero cuando llegó el momento, día 2 de enero del presente año, yo me fui a vivir a mi pueblo donde por temas de trabajo (pretendía montar una empresa) había alquilado una casa que, en un principio, tenia la finalidad de hacer de cuartel general para la empresa y para disfrutarla los días de vacaciones toda la familia. El hecho de irme a vivir allí fue con idea de dejarle a ella libertad para ir buscando un piso más económico (hasta ese momento compartíamos un piso alquilado en Sevilla) y que pudiera ir haciendo la mudanza. Yo haría la mudanza de mis enseres, muebles y electrodomésticos, en la última semana de enero.

Bien, pues empieza la historia. Ella aprovechando que yo iba y venía entre semana a mi pueblo, de forma más o menos regular, el 13 de enero cambió la cerradura del piso impidiéndome la entrada al mismo (esto según tengo entendido es un delito de coacciones), con la excusa de que yo mantenía relaciones con la chica del servicio domestico. En ese momento sí me dejó entrar para echarme en cara lo referido e incluso llamó por teléfono a la asistenta delante de mí para hacer lo mismo. Antes de continuar, quisiera hacer un inciso para aclarar que no hubo ninguna infidelidad por mi parte. Bien, sigo... No sólo no se quedó contenta con eso, sino que, además, me impidió todo contacto con mi hija, hasta el punto que se enteró que yo iba a verla a la guardería y la sacó de allí sin presentar ningún motivo o justificación para ello.

Ni que decir tiene que mi abogado puso en marcha los resortes de la ley e interpuso una denuncia en el juzgado de lo penal por dos supuestos delitos de coacciones y hurto, todo ello con las consecuencias psicológicas que estaban repercutiendo sobre mi persona, además de una demanda en el juzgado de familia para llevar a cabo la separación y regular cuanto antes la situación.

Pero ¡ay, sorpresa!. Resulta que mi compañera se da trazas para evitar la notificación de las denuncias desapareciendo de la faz de la tierra; no está en su (bueno nuestro) domicilio, no está en casa de sus padres en Huelva, y no está en su puesto de trabajo, con lo que empieza a pasar el tiempo y las denuncias no se notifican, no teniendo efecto.

En un momento determinado, que no sé si es por niñería o por otro motivo, cuando ve que ya no puede estirar mas la situación (hasta este momento han pasado ya cuatro meses y medio y sigo sin ver ni hablar con mi hija) es ella la que me presenta una demanda de separación a mí. Obviamente, de inmediato, me persono en el juzgado para ser notificado, ya que en su escrito de demanda llegó a indicar varias direcciones erróneas, y que empiecen los tramites cuanto antes, porque la situación ya empieza a hacerse insostenible.

Pues no podéis imaginar la reacción del juzgado. Resulta que solicitamos unas medidas provisionales y las ignoran, contestamos a la demanda solicitando de nuevo las provisionales y, cuando nos notifican, lo único que dice la Señora Juez es que SE RESOLVERÁN. Así estamos que a finales de este mes de julio se celebra la comparecencia y, si esperamos los plazos habituales para que salga la sentencia, teniendo en cuenta que durante el mes de Agosto los juzgados de familia están inhábiles, no podré ver a mi hija hasta mediados de septiembre, con lo que esto puede suponer psicológicamente para una cría de cuatro años y por supuesto para mí.

Tengo que decir que el abogado de ella, en varias ocasiones, ha intentado llegar a un acuerdo e incluso a formalizar un borrador de convenio para así yo poder ver a mi hija, ya que ni él mismo ve bien lo que esta ocurriendo. Pero siempre, en el último momento, ella se ha negado a dejármela ver sino era a cambio de dinero.

Por supuesto en todo este tiempo no he pasado ni una peseta o céntimo de euro, ya que si bien un mes que no se paga se puede recuperar al siguiente, un mes que estoy sin ver a la niña no se recupera nunca, y ella sólo pedía, a cambio de que yo pudiera tener a la cría, grandes sumas de dinero (esto en mi tierra se llama secuestro) . Además se ha llevado, aprovechando la coyuntura, muebles, electrodomésticos y enseres personales que tienen un gran valor económico y sentimental y eran míos.

La situación desde aquel día ha ido empeorando y lo mas penoso es que a ello a colaborado enormemente la Señora Juez, pues como se podrá observar en la grabación del juicio que se celebró a finales de septiembre, nada más comenzar la vista cortó a los abogados para que no se anduvieran por las ramas y habláramos de lo que, según ella, era importante: EL DINERO. También según ella, un niño necesita para vivir la cantidad mínima de 50.000 pesetas o 300 € al mes y considera que lo tiene que pagar el padre. La primera duda que me viene a la cabeza es que, si esa cantidad es correcta, lo lógico es que la madre pague la mitad; y la segunda es que, si se refiere a que tanto el padre como la madre tienen que aportar esa cantidad para la manutención de un hijo, la señora Juez está afirmando de forma indirecta que el salario mínimo interprofesional es poco para que un niño se mantenga.  

Bien aquí no queda todo. La Señora Juez estima que, para que salga la sentencia, un plazo lógico es de 30 días más, a los que hay que sumar otros 10 días para recursos o no sé qué otros procedimientos legales. Yo estoy totalmente de acuerdo con ella en cuanto a los plazos.  Con lo que no estoy de acuerdo en absoluto es con que, por enésima vez, se haya negado a establecer cautelarmente un régimen de visitas, con lo que seguiré sin poder ver a mi hija otros 40 días más por imposición de una señora que, supuestamente, imparte justicia.

Bien, pues mi queja, al cabo de diez meses sin poder ver a mi hija, es la siguiente:

¿Cómo un juzgado puede permitir esta situación y que un padre no pueda estar con su hija tanto tiempo? Ya que si bien es cierto que los primeros 4.5 meses mi compañera consigue burlar a la ley, los restantes 5 meses es una dejadez por parte de los juzgados, creo yo.

¿Cómo una mujer tiene la libertad para secuestrar a su hija? Si es a mí a quien se le ocurre hacer esto, salgo en los periódicos como un maltratador o algo así, y hay que tener en cuenta que, hasta que no hayan unas medidas cautelares, el mismo derecho tiene la madre como el padre, de estar con su hijo/a."

Rafael (Sevilla, 8 de octubre de 2002)