LOS INOCENTES TAMBIÉN PUEDEN IR A LA CÁRCEL

Falsas acusaciones de abusos sexuales, sortilegios de psicólogos e inculcación maliciosa: la industria del divorcio a pleno rendimiento y otro padre a las puertas de la cárcel  

"Me gustaría comentar mi caso para que todo el mundo vea hasta donde puede llegar una separación después de casi 6 años de haberse iniciado.  

Tengo una hija de 5 años de edad, la guarda y custodia fue concedida a su madre, cosa que vi hasta normal en su día, dada la corta edad de mi niña. Este hecho, que en principio todo el mundo asume y ve lógico, es el arma que más tarde utilizará su madre para intentar machacar al padre hasta las últimas consecuencias. 

Brevemente, paso a narraros la secuencia de acontecimientos que me han llevado a la situación actual. 

Desde el primer día, tuve muchísimos problemas para ver a mi hija cuando me correspondía. He interpuesto más de una docena de denuncias por estos hechos, de las cuales sólo una llegó a juicio de faltas condenatorio (5000 ptas. de multa: de risa).  Sin embargo, la obstrucción del régimen de visitas ha sido sistemática y se ha producido en muchas otras ocasiones que no he llegado a denunciar, vistos los resultados. Más tarde, mi ex mujer intentó recortar o anular el régimen de visitas con un informe de la psicóloga de una de tantas “instituciones de la mujer”,  que fue echado por tierra con un informe de los servicios sociales del juzgado que lleva nuestra separación. Ella alegaba mi supuesta mala relación con la niña y que ésta no quería venir conmigo (el cuento de siempre).  Mientras tanto, la situación de las visitas  no mejoraba. Siempre había una “buena excusa” para no dejarme a la niña. 

Esta situación no le pareció suficiente venganza a la madre, sino que, a raíz  del padecimiento por parte de la niña de unas crisis convulsivas, que más tarde se diagnosticaron como epilepsia, (enfermedad que padece mi madre, dos tíos míos y una prima hermana), los psicólogos de la una prestigiosa fundación madrileña “descubrieron” que dichas crisis eran debidas a que su padre mantenía con su hija algún tipo de relación sexual con la intervención de su pareja, estable desde hace más de cuatro años, y enfermera de un conocido hospital de Madrid. 

La primera decisión del juzgado de familia fue suspender cautelarmente el régimen de visitas, en octubre de 2000; más tarde, la denuncia ante los juzgados de lo penal me llevó a declarar ante el juez de instrucción, a quien hice saber que todas esas imputaciones eran impensables y que no había nada más lejos de la verdad.  Al parecer,  el juez me creyó, pero de todas formas solicitó un informe forense. Curiosamente, ésta fue la primera exploración que se realizó a mi hija durante todo el proceso, cuando debería haber sido el punto de partida. El resultado del informe forense es calcado del de la “prestigiosa fundación” mencionada, con la diferencia de que los “expertos” del segundo informe  apreciaron una mayor intervención de mi pareja en esas relaciones.  

En estos momentos estoy a la espera del auto de procedimiento abreviado que me llevará a una sala de lo penal, de donde puedo salir con una pena de prisión.

Ya no sé qué hacer, estoy en la más absoluta indefensión, todo está basado en las palabras que, parece ser, ha dicho mi hija ante los médicos. Si es verdad que ha dicho algo como pretende el informe, solo cabe atribuirlo a la influencia de su madre, mientras que yo prácticamente no he tenido a la niña en el año 2000, y la última vez que la vi fue el 17 de septiembre. 

No veo cómo podré defenderme ante estas acusaciones de hechos tan graves, que jamás pasarían por la cabeza de un padre bien nacido. Toda mi familia está consternada, al igual que mis amigos y mi pareja. Lo único que hecho en esta vida ha sido estudiar y trabajar, y ni siquiera tengo multas de tráfico. Mi pareja es queridísima por todo el mundo, ayuda a enfermos de cáncer en su hospital, nunca nadie ha dicho una mala palabra sobre ella, y yo siempre he adorado a mi hija, que es un encanto. Ni siquiera he dejado de pagar la pensión de alimentos, a pesar de no verla, ni ahora ni antes. 

Nos encantan los niños como a la mayoría de la gente de nuestra edad (30 y 34); mi hija tenía una relación excelente con mi pareja, a ella le contaba que su madre le había dicho que nosotros éramos “malos”, y que iba a venir la policía a buscarnos. En definitiva, no sabemos qué hacer, todos nuestros recursos económicos  y los de algún familiar se están yendo en abogados que no ven cómo defenderme. Pero lo más grave es el durísimo trago que nos están haciendo pasar sin haber hecho nada.  Al principio todo el mundo decía que podía estar tranquilo porque era inocente pero cada vez se complican más las cosas.  

En fin, agradeceré las cartas de padres que hayan sufrido algo similar y cualquier orientación legal que reciba en mi correo electrónico."

J. (20-4-2001)