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MIRAD
HACIA ATRÁS
Mirad hacia atrás,
dejad que vuestros ojos
resbalen por la historia,
rocen, en la noche de los tiempos,
la sucesión vertiginosa de civilizaciones y culturas
hasta llegar a la caverna primigenia.
Allí veréis ya al padre
que al hijo la supervivencia
enseña.
Y hallaréis
por todas partes,
en vuestro viaje de retorno, el milenario,
nunca roto, vínculo
del pecho robusto y el latido inerme,
y el vestigio menudo al lado de la adulta huella...
Sólo de vuelta en
vuestro posmoderno
laberinto de códigos y artículos sin vida,
sobre este osario de leyes de ceniza
fósil,
podréis ver la mano pequeña que requiere en vano
el apoyo ancestral
y guarda en su retina la imagen indeleble
del padre arrojado para siempre a las tinieblas.
(J.V. Moya)
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EL
TREN DEL DOMINGO
Mientras
este tren me aleja
de tus pequeñas manos
que acariciaron mi rostro
esta tarde,
de tu redondo asombro
ante un cielo cargado de globos
y tu febril trajín
de tenaz investigador de
hormigueros
y vengador de Peter Pan
en el rincón de un parque,
contemplo un horizonte
infinito
de interminables
quincenas
y oprimo tu tesoro
de guijarro con vetas en
mi mano,
que aún guarda la
diminuta sensación de la tuya.
(J.V. Moya)
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¿RECUERDAS? Recuerdo el terror de tus ojos
bajo la
palabra soez y la amenaza
-nunca
sientas lo que siente un padre
a quien
juran que dejará sin más de serlo
mientras hace
las maletas-
y tu cabeza
preescolar bajo la almohada
para no
seguir oyendo...
¿Recuerdas tú las lágrimas furtivas,
la voz
velada y temblorosa
de la última
tarde en el parque, y aún
la sombra
del padre roto
diciéndote
adiós, y la puerta
que se
cerró tras él para
siempre?
(J.V. Moya)
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LA
NIÑA Y LA CAJA El dinero era escaso aquellos días, por lo que el padre
regañó a su niña de tres años,
que trataba de envolver con papel dorado una
caja.
A la mañana siguiente, la niña le llevó la
caja a su papá y le dijo:
- "Esto es para tí, papito. La estaba
envolviendo
para ponerla debajo del árbol de Navidad".
Mientras iba abriendo, el padre se sentía
avergonzado de su reacción,
pero enseguida volvió a enojarse cuando vio
la caja vacía.
Otra vez malhumorado, dijo:
- "Cuando das un regalo a alguien se
supone que debe haber algo dentro"
La pequeñita miró hacia arriba con lágrimas
en los ojos y dijo:
- "Oh, papito, no está vacía;
yo soplé muchos besos dentro de la caja,
todos para ti."
El padre se sintió morir; puso sus brazos
alrededor de su niña
y le suplicó que lo perdonara.
El hombre guardó esa caja dorada durante años.
Un día lo echaron de su casa.
Cuando, lejos de su pequeña, se siente
derrumbado,
toma de la caja uno de aquellos besos imaginarios
y recuerda el amor que su niña puso en cada uno de ellos.
(Anónimo)
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HAY
QUE ACTUAR
Primero
se llevaron a los comunistas,
pero a mí no me importó, porque yo no lo era.
Enseguida
se llevaron a unos obreros,
pero a mí no me importó, porque yo tampoco lo era.
Después
detuvieron a unos sindicalistas,
pero a mi no me importó, porque yo tampoco lo era.
Luego
apresaron a unos curas,
pero como no soy religioso, tampoco me importó.
Ahora
me llevan a mí, pero ya es tarde.
Bertold
Brecht.
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Reflexiones
de un niño que no puede conciliar el sueño
"Mi
padre me contaba historias tan bonitas... A estas horas, todas las
noches, mi padre se sentaba aquí, junto a mi cama, o se tumbaba a
mi lado, y me hablaba en la oscuridad. Cuando era muy pequeño me
gustaban mucho las historias de Pulgarcito y Cenicienta, cosas así;
después las de Simbad el Marino, las del Capitán Trueno... Me
gustaban tanto que en vez de dormirme, siempre le decía "ahora
cuéntame otro", y a veces era él quien se dormía y yo tenía
que sacudirle el brazo para que siguiera contando.
Ahora
no me dejan ver a mi padre, sólo algunos fines de semana. Pero a
estas horas, me acuerdo siempre de él y casi me entran ganas de
llorar. Durante el día voy al colegio, juego y me lo paso bien,
pero a estas horas... También me gustaría que por las tardes mi
padre pudiera ir a buscarme al salir del colegio y luego me ayudara
a hacer los deberes. Mi madre dice que ella no tiene la culpa, que
es el juez quien no me deja ver a papá. No lo entiendo. Los demás
niños están con su padre todos los días. Pero yo me paso varias
semanas sin poder verlo.
Hoy
es domingo. He pasado el fin de semana con él, hemos jugado al fútbol
y hemos ido a la piscina. Mi padre no se atreve a llevarme la
contraria, porque no quiere reñir para dos días que nos vemos. Así
que le pido cosas y me las compra. Vive en una casa muy pequeña,
casi vacía de muebles. Cuando me acaricia el pelo, cuando me mira
de esa manera especial, no dice nada, pero yo sé que está pensando
en las pocas horas que le quedan de estar conmigo. El domingo por la
tarde mira constantemente el reloj, y yo sé que está pensando en
las pocas horas que nos quedan juntos. Mientras me ayuda a ducharme
y me prepara la cena está muy serio. Luego volvemos a casa de mamá
en el coche y no hablamos casi nada. Cuando nos despedimos, le
brillan los ojos y se da la vuelta muy rápido. Hoy me ha dado mucha
pena decirle adiós. Ahora sé que no volveré a verlo hasta dentro
de quince días por lo menos. Y sé que él está pensando en mí,
porque soy lo más importante de su vida, y creo que debe estar muy
triste porque no puede verme.
Estoy
llorando... No sé por qué los jueces se empeñan en hacerme la
vida tan difícil." |
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