¿QUIENES SON LAS VÍCTIMAS, LAS MUJERES O LOS HOMBRES?

Notas sobre el libro Women or Men - Who Are the Victims?, de Erin Pizzey, J.R.Shackleton y Peter Urwin, publicado en diciembre de 2000.

Los hombres, discriminados en el lugar de trabajo

Los hombres se encuentran en situación de desventaja en el trabajo, según las conclusiones expuestas por los profesores de la Westminster Business School J.R.Shackleton y Peter Urwin en su libro Women or Men - Who Are The Victims? ("¿Quiénes son las víctimas, las mujeres o los hombres?"), en el que también ha colaborado Erin Pizzey con el capítulo From the personal to the political ("De lo personal a lo político"). Según las conclusiones del libro:

  • Los empleos de los hombres son menos seguros. El desempleo masculino es superior al femenino, y las tasas de despido son mayores para los hombres.
  • Los trabajos desempeñados por los hombres son más peligrosos. Los hombres tienen mayores probabilidades de sufrir traumatismos laborales, incluso con desenlace mortal.
  • Los puestos de trabajo han ido disminuyendo en el sector secundario y en las fábricas, donde predomina la presencia de trabajadores varones, mientras que han ido en aumento en el sector de servicios, donde el porcentaje de mujeres es predominante.
  • Las mujeres tienen mayores probabilidades que los hombres de recibir formación en el empleo.
  • La legislación laboral suele favorecer a la mujer trabajadora, en particular permitiéndole utilizar el tiempo de trabajo para atender las urgencias familiares. Al mismo tiempo, los sindicatos, donde predominan los hombres, han ido perdiendo poder.
  • Las mujeres tienen mayores índices de absentismo laboral por enfermedad que los hombres.
  • La pensión de jubilación y la mayoría de las cajas de pensiones son desfavorables para los hombres. Las mujeres viven más, lo que significa que un hombre y una mujer de características laborales similares que se jubilen a la misma edad y con el mismo sueldo pueden prever beneficios diferentes como resultado de contribuciones idénticas.

El desnivel salarial es resultado de la elección de un estilo de vida, no de la discriminación

Shackletonn y Urwin señalan que la habitual comparación entre los ingresos medios de hombres y mujeres -según la cual, los ingresos de las mujeres equivalen al 75% de los ingresos de los hombres- no tiene en cuenta la diferencia resultante de la opción personal realizada al casarse. Los hombres casados ganan más que los hombres solteros, supuestamente porque tienen que atender mayores responsabilidades familiares. Sin embargo, el matrimonio tiene el efecto contrario para las mujeres, que pueden renunciar al puesto de trabajo o pasar a desempeñar empleos a tiempo parcial para atender las necesidades asociadas a la crianza de los niños. El desfase entre los sueldos de los hombres solteros y de las mujeres solteras es insignificante.

Como las decisiones relacionadas con el matrimonio y la crianza de los hijos son libres, difícilmente podría el Estado reducir el desnivel de los ingresos medios sin intervenir de forma inaceptable en la vida privada de las personas. Shackleton y Urwin advierten que "el mercado de trabajo es un entorno muy complicado", y que los intentos para suprimir las diferencias entre grupos amplios como los hombres y las mujeres pueden dar lugar a leyes y reglamentos que pongan en peligro los puestos de trabajo al imponer una carga excesiva a los empleadores, sin alcanzar los objetivos establecidos.

Los efectos de la edad

Los jóvenes y los ancianos del sexo masculino se hallan en situación especialmente desventajosa. El número de jóvenes que son económicamente inactivos -es decir, que no trabajan ni buscan trabajo- ha aumentado, como también ha aumentado la proporción de hombres mayores de 55 años que han perdido el empleo. Esa situación contrasta con la creciente proporción de mujeres de edad avanzada que forman parte de la población activa, y parece indicar que la edad puede ser un factor de riesgo. Los hombres que hayan quedado sin empleo una vez superada su mediana edad pueden tener dificultades para encontrar nuevamente trabajo.

Mujeres post-feministas

El Gobierno Blair no ha tenido en cuenta la verdadera complejidad del lugar de trabajo y sigue tratando de aplicar un anticuado programa de igualitarismo de línea dura en el que llevan la voz cantante feministas de la vieja guardia como Tessa Jowell y la Baronesa Jay , que  no han comprendido que la mayoría de las mujeres han adoptado un programa post-feminista. Esas mujeres compiten ya con éxito en el lugar de trabajo cuando lo desean, o destinan parte de su tiempo laboral al cuidado de los niños, según les convenga. Las mujeres post-feministas no desean ser tratadas como clase inferior que sólo puede salir adelante si el gobierno paternalista les echa una mano.

Violencia contra los hombres

Women or Men - Who Are The Victims? contiene también un ensayo de Erin Pizzey, fundadora del movimiento de albergues, que abrió  en Chiswick, en 1971, el primer refugio para mujeres y niños víctimas de la violencia doméstica. En ese ensayo, la autora describe de qué modo su movimiento pasó a ser controlado por feministas radicales que deseaban utilizar el problema de la violencia doméstica como medio para vilipendiar y denigrar a los hombres, con miras a apartarlos de cualquier función importante en el hogar y en la crianza de los niños. Cuando Erin Pizzey señaló que las mujeres podían ser tan violentas como los hombres y que 62 de las primeras 100 mujeres que acudieron a su residencia eran tan violentas como sus compañeros, su prestigio en el movimiento feminista internacional se vino abajo.  Erin Pizzey se convirtió en paria y no pudo obtener fondos para una residencia de hombres maltratados, a pesar de ser innegable su necesidad.

En su artículo, Erin Pizzey lamenta la forma en que los albergues se convirtieron en "bastiones de odio contra los hombres, fortalezas donde se enseñaría a las mujeres que todos los hombres eran violadores y degenerados y... los niños... aprenderían a desconfiar de los varones". La violencia doméstica se convirtió en una cuestión intensamente política en manos de quienes deseaban socavar los cimientos del divorcio y facilitar el divorcio:

"Como es sabido, la manera más expeditiva de entablar el divorcio es, para una mujer, declarar que su marido es violento, y si ese subterfugio no basta, las mujeres pueden recurrir a lo que se denomina "la bala de plata", es decir, acusar a su pareja de abusar sexualmente de los niños.  En ese caso, el hombre es inmediatamente apartado de su casa y de su familia."

Erin Pizzey describe cómo las feministas radicales, que desean redefinir la familia como grupo compuesto únicamente por mujeres y niños, se han infiltrado en las grandes instituciones, tales como las Naciones Unidas. "Los hombres deben quedar al margen.  Su función como padres debe reducirse a servir de bancos de semen y billeteras." Sin embargo:

"...quienes creemos en el matrimonio y en la necesidad de que los niños convivan con ambos padres biológicos siempre que sea posible, tenemos el tiempo de nuestra parte.  El movimiento feminista está agonizando, mientras sus ancianas defensoras escriben ya libros en que, a un paso de la tumba, lamentan su juventud desperdiciada."

 

Women or Men - Who Are the Victims?, de Erin Pizzey, J.R.Shackleton y Peter Urwin ha sido publicado por CIVITAS (Londres, diciembre de 2000). Puede adquirirse a través de la dirección de correo electrónico books@civitas.org.uk o el teléfono (020)74015470
 

Otra información sobre Erin Pizzey en este sitio web.

 

http://www.adiospapa.info