MÁS AUTORES, MÁS LECTURAS... (2)

 

K.Parker    P. Mirell    J.Archer    S.Prengel    W.McElroy    J.Kammer    P.Hausman


KATHLEEN PARKER 

Periodista estadounidense, perteneciente a la plantilla del diario The Orlando Sentinel. Su columna se publica en más de 300 diarios de los Estados Unidos, desde Alabama hasta Hawai. No duda, cuando es preciso, en denunciar los abusos que se cometen contra los padres separados y sus hijos ni en condenar abiertamente las falacias y excentricidades del feminismo de género. Y tampoco en advertir a la sociedad del problema que se está incubando al privar a los padres separados del derecho humano básico a ser padres, como puede verse en los siguientes fragmentos de su artículo Divorced dads ready to wage a revolution ["Los padres divorciados, listos para emprender la revolución"], publicado en The Orlando Sentinel el 10 de octubre de 1999:

"No es posible exagerar la magnitud de la cólera, del dolor y de la frustración existentes entre los cientos de miles, tal vez millones, de hombres que constituyen ya lo que podríamos llamar Movimiento por la Paternidad. He conocido a muchos de ellos, he hablado con ellos y los he escuchado.

Esos médicos, abogados, psicólogos, miembros de grupos de presión y trabajadores no son una masa insignificante. Muchos tienen un alto grado de preparación; el número de los que deciden organizarse va en aumento; y todos actúan movidos por una exasperación de resultados imprevisibles y cuya importancia no debería menospreciarse. Han alcanzado el punto de ebullición -afirman- y agotado todas las posibilidades del sistema.

[...] Creo en la sinceridad de esos hombres, en su deseo de compartir la vida de sus hijos, en su sentimiento de que han sido maltratados por unos tribunales que adjudican los niños a sus madres como si fueran muebles y tratan a los padres como meros proveedores económicos.

La inquietud y la tristeza son respuestas razonables a ese sentimiento y al hecho de que el 82 por ciento de los hijos de familias divorciadas apenas si tienen más relación con su padre que el derecho de visita. Según el censo de 1989, el 37,9 por ciento de los padres (varones) divorciados no tienen acceso a sus hijos.

[...] Si privasen  sistemáticamente a las madres de sus hijos, les prohibiesen la entrada en su casa y las metiesen en la cárcel en caso de no pagar unas sumas exorbitantes, veríamos correr la sangre por las calles. Y, curiosamente, ellas seguirían contando con la compasión del público. Los hombres no suscitan esa compasión. [...]

...Estamos obrando mal, al mantener un sistema que convierte a las parejas que se divorcian en enemigos, a los tribunales en campos de batalla, a los jueces en árbitros de problemas más emocionales y psicológicos que jurídicos, y a los niños en rehenes canjeables por dólares.

El régimen de divorcio es contrario al sentido común y está moralmente desacreditado, por lo que debe reinventarse a sí mismo antes de que las palabras revolucionarias se conviertan en acciones. Lo que piden los grupos organizados de padres no es reprobable o malévolo, sino razonable y justo para sus hijos. ¿Quién de nosotros podría reprochar a un hombre arbitrariamente privado de su propio hijo que grite y proclame que le han tendido una trampa?"

Entre tantos artículos dedicados a la causa de los padres separados y sus hijos, Kathleen Parker no podía faltar a la cita con Clayton Giles, el muchacho canadiense de catorce años que, en enero de 2001, mantuvo una huelga de hambre para reivindicar el derecho a convivir con sus dos progenitores divorciados, y que en la primavera de ese año atravesó todo el Canadá en bicicleta para llamar la atención sobre el problema de los hijos de separados. En su artículo Clayton Giles has a point ["Clayton Giles tiene razón"], publicado en The Orlando Sentinel el 31 de enero de 2001, Kathleen Parker -que prometió a Clayton contar su historia a condición de que éste empezase de nuevo a comer- denuncia una vez más la despreocupación de las autoridades por el interés y los derechos de los hijos, "víctimas diarias de los tribunales y los jueces, que tratan a los niños como si fueran objetos, concediendo la custodia a uno u otro de los progenitores, a pesar de que los niños aman y necesitan a ambos".

ENLACES DE REFERENCIA:

 


PABLO MIRELL 

El pseudónimo de Pablo Mirell abarca diversas colaboraciones coordinadas de distintos miembros y simpatizantes de la Agrupación Granadina de Madres y Padres Separados (Canaletas-Alhambra), reunidas bajo el título "El hembrismo, sumidero de la desdicha" en un libro publicado en 1998 para circulación interna de las asociaciones de padres y madres separados. En sus páginas se hace un planteamiento valiente, insólito y nada conformista con la moral social imperante, del que se nos advierte ya en el arranque del prólogo: "¿Cómo escribir el libro más impopular del mundo? El lector está a punto de descubrirlo a medida que vaya leyendo estas páginas: y es que la verdad no es agradable, sobre todo si va en contra de las reglas establecidas del juego, del 'establishment'."

El libro empieza haciendo una descripción general de la situación que se ha creado tras la degeneración del feminismo en hembrismo, término acuñado por analogía con el denostado machismo: el hembrismo es al mundo de las mujeres lo que el machismo al de los hombres. Mediante ejemplos de la vida cotidiana se describe el "caldo de cultivo" en que germinan la arbitrariedad y la presión ejercidas contra el hombre, desde los mensajes subliminales o explícitos de la publicidad hasta los casos de falsas denuncias de acoso o abuso sexual que han arruinado la vida de los acusados, pasando por el martilleo cotidiano de estadísticas desmesuradas y absurdas sobre la discriminación femenina.

Asimismo, en el libro se pasa revista a los tópicos más frecuentes sobre esa supuesta discriminación, que una sociedad sumida en la superabundancia y el bienestar y carente de todo reflejo crítico acepta sin rechistar. "¡Basta ya de opresión!", es la nueva consigna "feminista" universalmente aceptada, y en virtud de ella, se supone que los varones de hoy tienen que pagar, no sólo su "natural tendencia a la explotación de la mujer", sino la de sus antepasados. Y las mujeres deben cobrarse las facturas pendientes, no sólo de los últimos años, sino también, de paso, de los últimos siglos, en nombre de sus madres, abuelas y bisabuelas. Con esa mentalidad, el nuevo ideal feminista de mujer ha pasado de ser el prototipo más genuino de héroe, con una sabia combinación de renuncia y logros, a ser una caricatura de personaje ambicioso cuyos logros son exclusivamente mensurables en términos monetarios o de poder. De lo sublime a lo ridículo.

Fruto de ese caldo de cultivo es el hembrismo, una actitud vital que se define a través de varias características poco halagüeñas: a) cinismo sin límites, rasgo primordial de las hembristas, que nunca están dispuestas a reconocer un error; b) resentimiento, característica asociada a la propia conciencia de la mezquindad de los planteamientos hembristas; c) agresividad: las hembristas son polemistas, buscan la confrontación a toda costa y mantienen una actitud de acusación continua; d) falta de escrúpulos y disposición para destruir los cimientos de cualquier relación sin valorar las consecuencias del desastre (por ejemplo, para los hijos), o para apuntarse a la nueva moda de la maternidad en solitario, sin importarles la semiorfandad del hijo; d) despotismo, propio de personas convencidas de que siempre tienen razón mientras que todos los demás están equivocados; e) feminismo a ultranza, plasmado en expresiones como "mi cuerpo es mío", "tengo derecho a realizarme", "el hombre nos oprime", etc. Por supuesto, el hembrismo no es una actitud exclusivamente femenina, sino que también son frecuentes los varones que adoptan posiciones hembristas radicales y que se pondrán siempre del lado de la mujer, tenga o no razón, porque es la moda o, tal vez, como forma de sublimar su machismo latente: a fin de cuentas, los extremismos siempre acaban por darse la mano.

¿En que se parece el hembrismo al feminismo?, se pregunta el autor. En nada, es la respuesta. El feminismo auténtico se esfuerza por comprender a los hombres tanto como a las mujeres y por situar a ambos en un plano de igualdad. Las verdaderas feministas piden los mismos derechos que los hombres al tiempo que reclaman sus mismas obligaciones, y critican tanto las carencias del varón como las suyas propias. El feminismo no se complace en fingir que las mujeres son las víctimas de este mundo, y renuncia a explotar en su favor cualquier tipo de discriminación ajena. Razona y es tolerante. Trabaja duro y con coherencia y sensibilidad. Yerra, como toda iniciativa humana, pero es capaz de reconocer sus yerros. Entre feminismo y hembrismo no existe nada en común.

El libro aborda, a lo largo de varios capítulos, las dificultades de la convivencia en pareja y las consecuencias de las rupturas, especialmente cuando hay hijos de por medio. En sus páginas se analiza el marco legal del divorcio, se presentan datos estadísticos y se exponen las experiencias personales de las "víctimas" por antonomasia del divorcio: los padres separados y sus hijos. A través de numerosos relatos de los propios protagonistas nos familiarizamos con la hondura de lo que algún autor ha denominado "la más grave violación de los derechos humanos en Occidente". Y aprendemos a respetar la regla de oro que sirve de divisa al libro y que debe inspirar siempre las acciones de las madres y los padres separados:

"Querer a un hijo
no es obligarlo a vivir
con nuestras "verdades",
sino ayudarle
a que pueda vivir
sin nuestras mentiras"
 

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JOHN ARCHER

El profesor John Archer, psicólogo de la Universidad del Lancashire Central y presidente electo de la Sociedad Internacional de Investigaciones sobre la Agresión, autor de numerosas investigaciones sobre temas de violencia doméstica, ha publicado recientemente (septiembre de 2000) uno de los más importantes estudios realizados hasta la fecha sobre el tema de la violencia doméstica. En él llega a la conclusión de que, si bien algunas mujeres son víctimas de casos graves de violencia doméstica, hay datos que ponen en entredicho la propaganda ofensiva que demoniza a los hombres y minimiza u oculta el hecho de que las mujeres pueden ser igualmente violentas, si no más, distorsión que ha costado a muchos hombres sus casas y sus hijos.

En su mayor parte, las investigaciones sobre violencia doméstica están viciadas y se basan sobre todo en muestras sesgadas, resultantes de preguntar sólo a las mujeres de los albergues por sus experiencias de violencia, por ejemplo, o tratando las acusaciones de violencia como si fuesen pruebas. Las investigaciones más fiables son las que preguntan tanto a hombres como a mujeres si han sido a la vez víctimas y autores de violencia sobre sus cónyuges o parejas, y sus conclusiones ponen de manifiesto un cuadro muy diferente del estereotipo feminista de matones masculinos y víctimas femeninas.

En efecto, el profesor Archer ha mostrado en su reciente análisis, con datos procedentes de casi 100 estudios británicos y estadounidenses y una muestra total de 34.000 hombres y mujeres, que las mujeres son más propensas que los hombres a iniciar las agresiones contra sus esposos o compañeros y atacan con mayor frecuencia; en su mayor parte, la violencia consiste en respuesta a esas agresiones. Los resultados del estudio han mostrado que no es cierto que las mujeres ataquen a los hombres sólo para defenderse. Como ejemplo, se menciona este dato: un 29 por ciento de las universitarias admiten que han iniciado agresiones contra un compañero varón.

Según Archer, los hombres se retienen y soportan un elevado nivel de violencia por parte de sus esposas o compañeras. En realidad, dice, las mujeres se sienten animadas a ser violentas hacia los hombres, confiadas en que ellos no les devolverán la agresión. Lo que ocurre es que, cuando los hombres responden, su mayor fuerza los predispone a causar lesiones más graves, en comparación con las mujeres. Aún así, el profesor Archer pudo constatar que no menos de la tercera parte de las personas con lesiones visibles resultantes de la violencia doméstica eran hombres.  "Las mujeres son ligeramente más propensas (d = -.05) que los hombres a emprender uno o más actos de agresión física y a recurrir a dichos actos más frecuentemente. Los hombres son más propensos  (d = .15) a infligir lesiones y, en general, el 62% de las personas lesionadas por su pareja eran mujeres", concluye el profesor Archer.

"El metanálisis de estudios sobre la violencia en el matrimonio y en la pareja pone de manifiesto que ambos sexos muestran violencia en sus relaciones, aunque las mujeres tengan más probabilidad de resultar lesionadas", afirma Irene Hanson Frieze, de la Universidad de Pittsburgh, en su comentario sobre el estudio de Archer. Por su parte, K. Daniel O'Leary, de la Universidad Estatal de Nueva York en Stony Brook, señala: "La conclusión de J. Archer (2000), según la cual es ligeramente más probable que las mujeres, y no los hombres, inicien la agresión física en sus relaciones de pareja, aunque sufran más lesiones, es razonable y se basa en muestras representativas. Sin embargo, sus conclusiones provocarán reacciones negativas, ya que no coinciden con los datos y la creencia de que los hombres son generalmente más agresivos que las mujeres. [...] Los estudios examinados por Archer proporcionan datos convincentes que indican que la agresión física ejercida por mujeres ha de tomarse en serio si existe un deseo sincero de impedir los malos tratos en la pareja." 

El informe de John Archer, titulado "Diferencias por sexos en las agresiones entre parejas heterosexuales: un examen metanalítico" (Sex Differences in Aggression Between Heterosexual Partners: A Meta-Analytic Review) puede solicitarse a la American Psychological Association a través de su sitio web en esta dirección: http://www.apa.org/journals/bul/900ab.html. Asimismo, puede descargarse en formato .pdf desde: http://www.maennerbuero-trier.de/Archer%20(1).zip.

Enlaces a algunos de los periódicos ingleses que se hicieron eco del informe tras su publicación.


SERGE PRENGEL

Es autor del libro Still a Dad: the divorced father’s journey [“Aún papá: el viaje de un padre divorciado”]. El drama que el autor de este libro ha vivido y relata para nosotros se repite cada mes, tal vez cada semana, miles de veces en todo el mundo occidental.  ¿Cómo puede un padre separado hallar una salida igualitaria y justa en el laberinto de un proceso de divorcio en que una de las partes lo pierde todo en favor de la otra?  ¿Por qué un hombre casado tiene derecho a establecer el presupuesto y los gastos destinados a la crianza de los hijos, mientras que un hombre divorciado ha de realizar sustanciales pagos anticipados a su ex mujer sin que nadie le diga cómo se utiliza ese dinero?  ¿Cómo puede el régimen de visitas constituir una medida favorable para "el mejor interés del niño", si su efecto es convertir al padre en tío de su hijo?  Estas son algunas de las preguntas sin respuesta que se formulan en este libro “conmovedor e intimista, aunque basado en datos y escrito con honradez”, según palabras de Warren Farell.

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WENDY McELROY 

Periodista y escritora de ideología libertaria (¿feminista libertaria?), fundadora del movimiento Independent Feminists ("Feministas independientes", cuyo principal cauce de expresión es ifeminist.com). En su artículo The Mother of All Myths [“La madre de todos los mitos”] describe el origen del mito, generalmente aceptado como verdad, según el cual una de cada cuatro mujeres ha sido objeto de violencia sexual. Según McElroy, ese mito (o sea, falacia) procede de un estudio realizado en 1987 por Mary Koss, por encargo de uno de los apóstoles mayores del feminismo de género, Gloria Steinem. Sin embargo, la propia Mary Koss reconoce que el 27,5 por ciento de las mujeres consideradas como víctimas ni siquiera tenían conciencia de haber sido objeto de abuso alguno, y el 40 por ciento de todas las consideradas como víctimas habían seguido formando pareja o saliendo con sus presuntos violadores. Sin embargo, las conclusiones de ese estudio se consideraron desde entonces dogma de fe y se esgrimieron sistemáticamente en todas las batallas de la gran cruzada de tergiversación feminista. 

Pensará el lector que, incluso si se deducen esos porcentajes (27,5 y 40 por ciento), aún queda un buen margen de violaciones, es decir, si no una-de-cada-cuatro, al menos bien podrían ser una-de-cada-tres.  Pues se equivocan.  Porque ahí entra en juego el concepto de violación utilizado en ese inviolable estudio y, en general, en todos los estudios y artículos subsiguientes. El concepto clásico de violar como "tomar por la fuerza" pasó a ser sustituido por el más vago de "tomar sin consentimiento".  Distinción aparentemente superficial,  pero de gran calado práctico. A veces las palabras parecen dictadas por el mismo diablo, porque mientras que tomar por la fuerza conlleva lucha, ropa desgarrada, moratones, lesiones, gritos e informes policiales, tomar sin consentimiento consiste en “cualquier acto físico, visual, verbal o sexual que la mujer perciba, en ese momento o más tarde, como una amenaza, una invasión o una agresión que pueda herirla o degradarla o hacerle perder la capacidad de controlar el contacto íntimo”.  O sea, cualquier cosa.

Dicho y hecho. Como ejemplo, la autora cita las normas de la Universidad de Columbia, donde una mujer puede arruinar la carrera de cualquier varón (alumno o profesor) con una denuncia basada en ese concepto de violación, que será aceptada incluso cinco años después de ocurridos de los supuestos abusos. Reflejo de esa filosofía es la VAWA (Violence Against Women Act – Ley sobre la violencia contra la mujer, de 1994), ley ominosa que incluso permite a la supuesta víctima entablar un proceso civil, en el que, a diferencia de la vía penal, no se exigen pruebas fehacientes y apenas si se requieren indicios, y exigir el resarcimiento monetario de daños y perjuicios (un buen aliciente para presentar denuncias).

Pero la guinda de la tarta es la confesión final de la propia McElroy. “Como mujer que ha sido violada, nunca restaré importancia a la necesidad de impedir la violencia sexual.  Al contrario.  Lo que me preocupa es la trivialización de la violación que tiene lugar cuando unos comentarios “groseros” se consideran agresión. Me preocupa el peligro de los estudiantes varones cuya libertad de expresión –ya apenas ejercida- se trata como un ataque físico.  O el hecho de que sea posible alegar un supuesto ataque sin necesidad de pruebas”.

En su artículo "The Great Lie" ("La Gran Mentira"), publicado en diversos medios en abril de 2003, Wendy McElroy nos ofrece esta visión de las soluciones feministas:

"Es necesario que las mujeres de hoy asuman el control de sus vidas.  Pero el tipo de feminismo que celebra a "la víctima" como símbolo de la feminidad hace más difícil que las mujeres crean en su propia capacidad.  En todas partes y en todo momento se describe a las mujeres como víctimas de los hombres, de la estructura de clases, de la tecnología, de los poderes públicos, del libre mercado, de la familia, de la iglesia, de los valores occidentales, etc. Esta Gran Mentira constituye un obstáculo para que las mujeres tengan conciencia de su capacidad, al menos de tres modos. 

En primer lugar, las "soluciones" propuestas y buscadas por la mayoría de las feministas no han reducido la dependencia de la mujer, sino que la han aumentado.  Es posible que las mujeres tengan ya una gran presencia en ámbitos como el universitario.  Pero tales avances están firmemente vinculados a leyes y políticas impuestas, tales como las medidas de acción afirmativa, que imponen cuotas.  El claro mensaje de esas leyes y políticas es que las mujeres no pueden competir con los hombres en el libre mercado y que las mujeres necesitan ayuda gubernamental para triunfar.  […] 

La Gran Verdad es que las mujeres de nuestra sociedad constituyen una de las clases más privilegiadas y poderosas del planeta.  El problema es convencer a las mujeres de su capacidad.  La "mujer como víctima" es una idea obsoleta que debe ser sustituida por la idea de la mujer como superviviente y triunfadora."

 

Enlaces de interés:

"No es posible establecer la igualdad con los hombres mediante la introducción de privilegios de género para las mujeres en las leyes" (ifeminists.com, Introducción)

 


JACK KAMMER

Jack Kammer se define a sí mismo "como un hombre normal que cree que los hombres tienen derecho a disfrutar de tanta felicidad, alegría, libertad, equidad y dignidad en su vida como las mujeres en la suya". En su libro If Men Have All The Power How Come Women Make The Rules ["Si los hombres tienen todo el poder, ¿por qué las mujeres dictan las normas?"], que puede descargarse gratuitamente desde Internet (en versión inglesa o francesa), ofrece una larga serie de reflexiones, numeradas de 1 a 125, expresadas de forma concisa, a veces como simples aforismos, y corroboradas por explicaciones del propio autor o citas de otros autores. Un libro ameno y breve -como indica el autor, se lee en unos 75 minutos- en que se juzgan con acidez las ideas preconcebidas de nuestro tiempo sobre las relaciones entre los sexos y se dejan al desnudo sus tabúes. Desmitificador, irrespetuoso y políticamente incorrecto puede gustar tanto a los hombres como a las mujeres, eso sí, a condición de que tengan cierto sentido del humor y suficiente oído para distinguir lo grave de lo irónico. En todo caso y como medida de precaución, abstenerse feministas recalcitrantes. He aquí algunos botones de muestra traducidos al español.


PATRICIA HAUSMAN 

Psicóloga y nutricionista, autora de libros de éxito (cuyas tiradas suman millones de ejemplares) y miembro de la Junta Consultiva Nacional del International Women Forum.  En sus artículos combate frecuentemente los planteamientos victimistas del feminismo radical, en los que ve un subterfugio para seguir disfrutando los réditos de la supuesta discriminación de la mujer: cargos, subvenciones, cuotas, lenidad judicial, etc.  "Tal vez nunca lleguemos a saber lo que buscan realmente las líderes del feminismo radical. Pero podemos estar seguros de una cosa: desean seguir con su negocio", dice en uno de sus artículos. En su estudio Plenty of Nonsense ["Plenitud de disparates"], respuesta a otro estudio titulado "La tierra de la plenitud", pone en tela de juicio las afirmaciones feministas sobre la supuesta falta de oportunidades de la mujer en el terreno científico, y demuestra con datos y cifras la falta de seriedad y credibilidad de tales afirmaciones. En otro estudio, Confession Without Guilt? ["Confesión sin culpable"] demuestra la falacia de la supuesta discriminación contra el profesorado universitario femenino, tomando como referencia la situación del Instituto de Technología de Massachusetts.

Algunos artículos: