|
Más
sobre los padres y los hijos
(por Pablo
Mirell)
En
nuestro país, el hecho de que los padres (varones) e hijos sufran a
consecuencia de las actitudes de las madres antes, durante y después
del divorcio es algo que está completamente silenciado, en tanto
que el sufrimiento de las madres e hijos por causa de los padres es
noticia de primera plana, casi a diario, de la mayor parte de las
publicaciones en informativos de radio y televisión…y un machacón,
constante, monótono y tenaz tema de conversación en las tertulias,
que en radio y televisión, no parecen hablar de otra cosa: cada mañana
y tarde, los horarios de mayor audiencia femenina, las distintas
emisoras de TV. y radio se plagan de un asombroso número de
coloquios y tertulias que pretenden vender feminismo aunque en
realidad suelen no vender más que hembrismo, y que acaban por
aturdir al telespectador, a fuerza de machaconería.
Es
lógico. Como ya mencioné, en España apenas hay alguna asociación
de hombres (sólo conozco una, de padres de familia separados, y tal
y como la percibo, tan sólo es un germen de lo que debiera llegar a
ser, dado el alcance del problema y la necesidad de su existencia).
En España sólo hay asociaciones de mujeres, que están
especialmente interesadas en que salgan a la luz el segundo tipo de
noticias y de silenciar el primero.
En
Estados Unidos la cosa ya comienza a cambiar. Hay ya organizaciones
de Padres (hombres), que velan por los derechos de los hombres
(divorciados o no) y de sus hijos. Las que he conseguido localizar
no llegan a ciento veinte, en un país de 260 millones de
habitantes, (muchísimas menos de las que hay sólo en Madrid
dedicadas a mujeres). Algo es algo. Lo importante no es el número, sino la calidad
de las mismas. Y lo que
es aún más importante es que su actividad empieza a sensibilizar
al gran público del problema de los padres y de los hijos.
Empiezan a elaborarse estudios sociológicos con auténtico
rigor estadístico sobre el tema. Este capítulo reincide en lo
dicho en las páginas anteriores, pero toma como base datos estadísticos
y testimonios de personas… en Estados Unidos, dada la carencia de
información al respecto en nuestro país.
El
doctor Jerome Shapirio, en su libro “The measure of man” (1993)
llega a una conclusión de tremendo alcance: Para los hijos, no es
tan dura la muerte del padre como su ausencia por separación. Los
hijos varones (entre los que se realizó el estudio) cuyos padres
(varones) murieron tienden a adaptarse mejor que aquellos cuyos
padres faltan a consecuencia de una decisión como el divorcio.
“Un
factor crítico en ello es que la madre puede tener recuerdos muy
positivos de su esposo fallecido, y le hablará de él a sus hijos
con frecuencia. Ello ayuda a crear una imagen simbólica positiva
del padre que, parcialmente, compensa su ausencia física”.
El
delito materno.
Siendo
esto así, ¿qué clase de delito impune están
cometiendo miles de madres cuando, tras la separación, se dedican a
malquistar, a hablar a sus hijos mal sobre su padre, a
predisponerles en contra, a hacerles creer que ya no les quiere y
que les ha olvidado?… hay miles de desaprensivas así. Están a la
vista, en nuestra experiencia diaria y es posible que usted conozca
a más de una, aunque tal vez con usted muestre un rostro distinto.
Por
favor, le ruego, lector, que se fije más en ello, y que no tome
partido a tontas y a locas, porque su contribución en esto es casi
la complicidad de un delito. No
juzgue engañado y sin tener toda la información y, sobre todo, no
piense que tales mujeres tienen un rostro de bruja y caras de
malas… a usted le brindarán su mejor aspecto de inocencia, su
mejor gesto de compunción y todo su falso victimismo, porque buscan
la legitimación social de sus barbaridades y cuentan con usted para
ello.
¿Y
los padres? En este país
nadie les escucha. Probablemente
se limitan a sacar pecho y a tragarse el “marrón” solitos.
Pero les pido que lean los fragmentos de testimonios de otros
padres, en EEUU, cuyos sentimientos yo he presenciado en padres españoles
que no han encontrado oídos para escucharlos ni medios para poder
difundirlos. Y esta carencia no es de las menos dolorosas que han de
sufrir los padres, hasta que estas cosas estallen en las manos que
tan mal las manejan y se produzca después el consabido parche
posterior al desastre.
Durante
un periodo de unos dos años tras mi divorcio, me era extremadamente
difícil mantenerme en contacto con mi hijo.
El hecho es que era un bebé… y además, alejado geográficamente…
lo que hacía imposible hablar con él por teléfono, de modo que la
única manera de saber algo de él o de su bienestar era hablar con
mi ex. Cada vez que lo
intentaba… recordaba constantemente todo lo que fue mal en nuestro
matrimonio. Incluso
aunque mi motivación al contactar con ella era estrictamente hablar
de nuestro hijo… ya que no podía mantener una conversación con
él… la conversación se tornaba inevitablemente tan dolorosa que
comencé a evitarla por completo, menudeando mis tentativas de
llamar. Alternativamente, la única vez que ella me llamó a mí me
sentí tan frustrado e iracundo que no fui capaz de hablar con ella.
Ella
aún va diciendo a todos que no tengo ningún interés en
relacionarme con mi hijo (ahora tiene cinco años). Aún me hace las
conversaciones telefónicas tan desagradables como puede.
Me gustaría saber por qué.
Pero ahora, ya que mi hijo es lo suficientemente mayor como
para hablar por teléfono, puedo llamar mucho más y limitarme a
preguntar por él, en lugar de tener que hablar con ella sobre él.
Aún es desagradable que se ponga ella, pero puedo llamar con
mucha más frecuencia, e imagino que podré hablar más y más con
mi hijo a medida que vaya creciendo. Es fundamental para mí.
Si tan solo ella hubiera obviado toda su amargura contra mí
y se hubiera limitado a hablarme de la maravilla que es nuestro
hijo… Si hubiera
podido llamar y escuchar sólo qué tal estaba el niño, cómo le
iba, en lugar de ser acosado acerca de desacuerdos que tuvieron
lugar tiempo atrás… si tan sólo hubiera podido hablar con mi bebé…
Sin
embargo, todo el mundo sabe que la única manera de hablar con un
bebé es con los ojos.
¿Con
qué derecho se arrogan algunas “madres” el derecho, no ya de
privar a un padre de sus hijos, sino el de cometer el crimen de
privar a un niño de su padre?
¿De verdad no conoce ningún caso como éste? ¡ Y luego se
habla de violencia!.
Desde
que aquel hombre entró en mi ex hogar, un nuevo mensaje del
contestador automático grabado por la madre de mis hijos te suelta,
al llamar, algo así:
“Este
es el hogar de Sara, Joseph, Tim y Betty…”
Estos
cuatro nombres (cambiados para preservar el anonimato del
testimoniante), son mis dos hijos, su madre y un señor que se mudó
allí justo al año de nuestro divorcio.
Cada vez que yo llamaba a mis hijos, tenía que escuchar esta
“exhibición” del nuevo estado de cosas, ante lo cual acabé por
no dejar mensajes para los niños. Incontables veces, posteriormente, los mensajes que dejaba
para ellos en el contestador automático no les eran transmitidos
posteriormente.
El
uso de mis hijos para dañarme a mí era en ocasiones estremecedor,
y yo me tenía que limitar a escuchar a mis amigos recordarme que
nada puede reemplazar a un padre.
Y es cierto que así es.
Es un lazo único y poderoso, y una gran parte del tipo de
acoso que hube de soportar pudo sobrellevarse con la ayuda de
miembros de mi familia, que contribuyeron a restarle importancia, o
por un asistente social nombrado por el juzgado para asegurar una
“mejor comunicación”.
Desgraciadamente,
en España, los asistentes sociales no se dedican a esta labor, ni
los jueces les comisionan para ello.
Sólo intervienen en casos muy drásticos, de daños físicos
contra los hijos y similares.
Cuando
me marché, tenía grandes planes sobre cómo debía funcionar
aquello. Preveía
encontrarme con mis hijos y pasar juntos excelentes momentos, y
disfrutar. Lo que sucedió en realidad fue que acabé alejándome
cada día más de ellos.
Incluso
con un régimen de visitas amplio, sin fechas fijas ni supervisión,
es increíblemente difícil llevarlo a la práctica.
Me siento en casa, pensando en ellos, todos los días y todas
las noches. Hago ademán
de descolgar el teléfono, pero acabo por no hacer la llamada. Más
o menos una vez por semana, reúno el valor suficiente como para
llamar, sólo para encontrar con que mis hijos están a menudo
ocupados el día en que pretendo hacer la visita.
Este fin de semana, el mayor había “olvidado” a su
padre, así como decirle a su madre que yo le iba a visitar. Cuando
llamé para verificar si había surgido algo que me fuera a
estropear el plan, descubrí que no había nadie en casa.
Todos
los sentimientos de culpa derivados de haber salido del que fue mi
hogar afloran cuando estoy con ellos.
Sudo como si estuviera incubando fiebre, y temo a quién
encontraré mientras que intento mantener la normalidad de sus
vidas,, acabo por
llorar incontroladamente cuando vuelvo a mi casa después
Les veo crecer ajenos a mi, tanto más cuanto que la gente a
su alrededor trata de sustituirme… y se diría que en algunos
aspectos lo han conseguido. A veces, me pregunto ¿para qué todo
esto?… Yo ya no formo parte de sus vidas…
Mi ex les ha dicho que ya no soy su padre, y que ya no tienen
por qué escucharme u obedecerme. La última vez que les visité
intentamos construir una cometa juntos, que no pudimos acabar porque
mi ex y su novio estuvieron merodeando todo el tiempo, impacientes
de que acabáramos para poder marcharse ellos.
Finalmente, sucumbí a la presión. Y eventualmente, mis
visitas han quedado limitadas a unas pocas horas en el McDonald’s,
porque no pueden venir a mi casa. Y no pueden porque mi ex-mujer les
ha convencido de que no están preparados para conocer a mi novia.
Pero podría apostillar diciendo que pese a toda mi ansiedad, continúo
pagando la pensión de alimentos de mis hijos cada mes.
En
contra del panorama de padres desentendidos y pasotas, descuidados
de sus hijos y de su educación que nos quieren metódicamente
vender en nuestro país, nadie parece haber encontrado padres como
los que describe estos ejemplos.
¿Casualidad? ¿No existen acaso?
Nada de eso. Es
que esta propaganda no interesa a los privilegios legales y sociales
de que disfruta la mujer. Cuando salgan a la luz casos como estos,
cuando la sociedad se vaya sensibilizando con ellos, tal vez muchas
asociaciones feministas se lleven las manos a la cabeza por haber
contribuido a condenar al ostracismo a tantos hombres que se han
visto, como en casos similares a los de estos testimonios, separados
de sus hijos por la conducta de sus madres… demasiado tarde:
entonces ya habrán perdido la credibilidad que nunca
merecieron.
Cuando
nos divorciamos, el torbellino emocional era tan grande que pensé
que me iba a morir. Siempre me he considerado un superviviente a
prueba de bomba hasta que me separé de mi familia.
No
pude soportar el dolor reiterado de los encuentros con la madre de
mis hijos; literalmente
hube de retirarme en una casa de retiro de una comunidad religiosa.
Durante tres semanas no tuve contacto con mis hijos. Y no lo
hice por mí, sino para intentar eliminar la rabia que tenía hacia
su madre, para poder ser un padre decente para mis hijos.
Las
consecuencias siempre están ahí. Su alcance es mayor o menor, con
muchísima más frecuencia de la que se reconoce, dependiendo de la
crueldad de la madre a la hora de separar al padre de los hijos.
Unas veces lo consiguen por medios directos, como es el caso
anterior, en el que este padre sencillamente se angustiaba y llenaba
de ira cada vez que hablaba con su ex-mujer, otras influyendo
insensatamente a los hijos en contra del padre, y otras dándoles un
grado de permisividad tal que dejan al padre la tarea de corregirlos
y de convertirse en “el malo”, frente a la mamá “buena”
que, además, boicotea egoístamente cualquier labor del padre que
pueda contribuir a la correcta educación de los niños, con lo que
los hijos acaban por no querer ver al progenitor que más les
disciplina, dado que, por lo mismo, les limita sus caprichos.
Es el caso siguiente.
Me
sentí muy distanciado y muy menospreciado durante muchos años,
incluso aunque la madre de mi hija la animaba a verme.
Pero a mí no me gustaba sentirme obligado a apoyar la
actitud malcriada de mi hija, y a ella no le gustaba que le dijeran
que estaba malcriada, así que, durante unos años de su
adolescencia, no la vi con mucha frecuencia.
Lo peor de todo era que el dinero que yo ganaba era utilizado
para malcriarla sin que yo pudiera hacer nada para evitarlo.
Mi
ex me pidió que pagara las clases de equitación de mi hija y el
alquiler del caballo full time.
Mi problema no era con las clases per-se, sino con la actitud
de mi hija, que creía tener derecho a una vida de lujo
independientemente de cual fuera su comportamiento.
Esa
actitud continuó hasta tener consecuencias más graves.
Mi hija tiene dos tarjetas de crédito con un pequeño saldo
que no cubre, habitualmente sus gastos (ella no trabaja, ya que está
estudiando en la universidad).
Creo que los hijos también necesitan educación sobre la
forma de emplear responsablemente el dinero, máxime cuando no es el
suyo.
Afortunadamente,
mi hija ha madurado algo en los dos últimos años, así que estoy
proporcionándole una asignación, pero advirtiéndole de las
consecuencias de no emplearla adecuadamente.
Su madre me pide que pague más dinero del necesario para su
escolarización sea cual sea el comportamiento de mi hija, con lo
que todo mi esfuerzo por concienciarla de la importancia de gastar
adecuadamente se va al garete.
Un
ejemplo más de la aportación hembrista al desastre de tantas
familias.
Las
consecuencias del delito y de las leyes discriminadoras a favor de
la mujer.
Londres
(Reuters) - Los niños de padres divorciados sufren problemas a lo
largo de toda su vida, tienen peor rendimiento escolar que los retoños
de parejas que han permanecido juntas y muestran trastornos de
comportamiento, según reportan el pasado Domingo científicos Británicos.
Es una noticia emitida en Internet.
Martin
Richards, del Centro de Investigación Familiar de la Universidad de
Cambridge, dice que la edad de los niños en el momento de la
separación de sus padres es un factor muy importante. Los más afectados son los que están entre los 12 y 15 años,
así como los que están en edad preescolar (menos de seis años).
Manifestó a la Sociedad Psicológica Británica que el
divorcio trae muchos trastornos y alteraciones emocionales a los niños.
Richards y sus colegas han basado su estudio en una muestra
de 17000 niños Británicos, Estadounidenses y Neozelandeses nacidos
en una semana específica de 1958:
·
Apreciaron
que los niños de padres divorciados, por lo general, abandonan
antes el hogar familiar y crean sus propias familias antes que los
hijos de familias “intactas”.
·
Las
chicas de clase media son las más afectadas, según este estudio.
Tenían un 45% de probabilidades de contraer matrimonio antes
de los 20 años, mientras que las que proceden de hogares unidos sólo
tienen un 15 % de posibilidades.
·
“Hay
algo específico y especial sobre los divorcios”, expresó en una
reunión en Warwick. “La
autoestima de los niños tiende a bajar”.
Richards
declaró que la mediación durante el divorcio y la asesoría
infantil podría ser de gran ayuda.
Este
no es un estudio aislado. Al contrario, tiene algo en común con
otros estudios: sus
conclusiones.
Desde
la Universidad de Stanford, Marty Dart escribe:
Tal
vez si presionamos al Gobierno para que proteja los derechos de los
padres además de los de las madres, que ya protege, más niños
pueden beneficiarse de la especial relación de DOS padres que
cuidan de ellos y están activamente involucrados en sus vidas.
Veamos algunas estadísticas que muestran los efectos de la
AUSENCIA del padre, tal y como se reflejan en casi el 22% de los
hogares americanos en los que no hay padre.
·
63%
de los suicidios juveniles proceden de hogares sin padre (fuente:
Oficina del Censo US).
·
90
% de todos los niños vagabundos y sin hogar proceden de hogares sin
padre.
·
85%
de todos los niños que muestran desórdenes de comportamiento
proceden de hogares sin padre (fuente: Centro de control de Salud).
·
80%
de los violadores que actúan a consecuencia de rencor diferido
proceden de hogares sin padre (Fuente: Justicia Criminal y Comportamiento, volumen 14)
·
71%
de todos los fracasos universitarios vienen de hogares sin padre
(Fuente: Informe sobre
Universidades de la Asociación nacional de Rectores).
·
70%
de los jóvenes en instituciones estatales proceden de hogares sin
padre (Fuente: Departamento
de Justicia, Informe especial de Sept. 1988)
·
85%
de todos los jóvenes que cumplen condena en prisión crecieron en
hogares sin padre. Fuente:
(Texas Dept. de reinserción, 1992).
Estas
estadísticas implican que los niños que proceden de hogares sin
padre tienen:
·
5
veces más probabilidades de suicidarse.
·
32
veces más probabilidades de escapar de casa.
·
20
veces más probabilidades de tener trastornos de comportamiento.
·
14
veces más probabilidades de cometer violaciones (esto en caso de
chicos, claro está).
·
9
veces más probabilidades de abandonar los estudios universitarios.
·
10
veces más probabilidades de abusar de las drogas.
·
9
veces más probabilidades de acabar en una institución estatal
·
20
veces más probabilidades de acabar en prisión.
La
señora Goodmans intenta apoyar las leyes que mejorarían las
condiciones de vida de los niños de nuestro país.
Los hechos concluyen que lo que los niños necesitan es un
padre en sus vidas, además de la madre.
Tal vez si la energía de esta empresa se dirigiera a educar
a los juzgados de familia que conceden la custodia a la madre en más
de un 90% de los casos, podríamos ver mejorar los resultados que la
señora Goodmans pretende.
Como
padre que ha luchado duramente y desde hace tiempo por la custodia
conjunta de sus hijos, encuentro el artículo de la señora Goodmans
(que lamento no poder reproducir, así como tampoco sé el periódico
en que se publicó)
ofensivo y alarmante. Me
siento profundamente herido ante las insinuaciones que artículos de
este estilo hacen de mi carácter. He sido agredido en mis derechos
legales por los mitos que se propagan de semejante manipulación. Me
gustaría que periódicos como el suyo dejaran de ofrecer espacio a
periodistas irresponsables que perpetúan estos tipos de burdas
distorsiones de la verdad.
Anecdóticamente,
tengo la enorme sensación de conocer el tipo de manipulación a que
se refiere el autor de esta carta, y de la que es responsable la tal
señora Goodmans. A ella me he venido refiriendo en este libro
repetidas veces, y si bien de ser así (que lo creo), yo podría
suscribir el contenido de esta carta, en este momento lo que me
interesa es destacar lo dramático de las estadísticas con que la
documentan, que por lo demás se corresponden bastante con las
obtenidas en otros estudios y otras fuentes (salvando, claro está,
las distancias de la metodología empleada en cada cual).
Como
el de Judith Wallerstein en 1971, que coincide sustancialmente con
las conclusiones antedichas, pese a la distancia en el tiempo.
En general todos coinciden en que el divorcio añade muchas
cargas adicionales al niño, que se suman a las que ya tiene por el
mero hecho de crecer y desarrollarse, toda vez que su desarrollo y
capacidad de relación posterior con los demás son deficientes en
su edad adulta. Aunque
pueda parecer muy obvio, de la manera que actúan muchas madres y
tal y como ratifican las leyes vigentes, parece que nuestra sociedad
se toma este aspecto del desarrollo de nuestros hijos por el “pito
de un sereno”.
Es
hora de que nuestra sociedad reaccione contra esta flagrante
injusticia, contra los hijos y contra los padres varones, y que
castigue severamente las actitudes de aquellas mujeres que la
propician, como aquellas que influyen negativamente en la imagen que
los hijos tienen de los padres o que obstaculizan el ya magro régimen
de visitas a que ambos, padres e hijos, tienen derecho. Y es hora de
prever incluso penas de privación de libertad o pérdida, al menos
parcial, de la custodia por estas causas.
Y es hora de articular los mecanismos objetivos para detectar
y probar estas conductas en lugar de que sean “tu palabra contra
la mía”, con la desgracia adicional de que la presunción de
credibilidad se decante más a un lado que al otro.
Volviendo
a los efectos de las separaciones, otros datos pueden completar esta
información. Por
ejemplo, Barbara Whitehead,
en Atlantic Monthly Vol 271, de Abril de 1993, manifiesta:
Los
niños que están bajo la custodia de un sólo cónyuge están más
expuestos a daños físicos y a raptos por parte de sus padres.
¿Y a quién puede extrañarle?
Y
continua:
Los
estudios más clásicos encuentran que el efecto de un divorcio es
menor en niñas que en niños.
Los más recientes, por el contrario, demuestran que esto se
debía a que los efectos latentes pueden permanecer ocultos durante
años y aflorar sólo en la post adolescencia en el caso de las
chicas. Según lo cual, las hijas de padres separados tienen:
53%
más probabilidades de casarse en edad adolescente.
111%
más probabilidades de tener niños en la adolescencia.
164%
más probabilidades de ser madres solteras.
92%
más de probabilidades de divorciarse en caso de casarse.
Otros
estudios son más específicos en los efectos puramente psicológicos
de los niños que viven estas circunstancias.
He
aquí algunos de dichos efectos asociados a desplazar al padre a la
posición de mero visitante en la vida del niño:
“Basado
en nuestra experiencia clínica con niñas en edad de latencia y
adolescencia cuyos padres se divorciaron durante los años de Edipo,
postulamos que hay patrones comunes que emergen en respuesta a la
ausencia del padre, que pueden complicar la consolidación de la
identificación positiva femenina en muchas niñas, lo que es
observable en los años de la latencia.
1.
Existe
ansiedad causada por la separación.
2.
Existe
alternancia entre el reconocimiento y la negación de sentimientos
asociados a la pérdida del padre.
3.
Existe
una identificación con el objeto perdido
4.
Existe
un deseo objetivo de varón.
Un
estudio anterior de Kalter y Rembar (Universidad de Michigan)
muestran tres problemas concurrentes:
·
67%
de niñas con problemas psicológicos (definidos como ansiedad,
tristeza, melancolía prolongada, fobias y depresión)
·
56%
con notas mediocres, substancialmente por debajo de su talento o su
rendimiento anterior.
·
43%
de agresividad hacia los padres.
En
el subgrupo de niñas en edad de latencia, el orden de los
resultados era el mismo y sólo los porcentajes variaban en no más
de 5 puntos porcentuales por debajo de los expuestos.
En
suma, un 30% de las niñas del presente estudio han experimentado un
marcado descenso en su rendimiento académico tras la separación,
factor que continuaba siendo evidente tres años después de que
esta tuviera lugar.
Hago
aquí un inciso, para destacar la conclusión de este estudio, que
comparto:
El
factor preventivo más eficaz es el acceso a ambos padres, asociado
a la buena reacción académica apreciada en éstos casos.
Adicionalmente, los datos revelan que los progenitores sin
custodia (normalmente los padres) eran muy influyentes en el
desarrollo de sus niños. Estos
datos también apoyan la tesis de que cuanto más tiempo pase el niño
junto al progenitor que no detenta su custodia, mejor será la
readaptación global del niño.
Del
estudio observaciones clínicas
sobre las interferencias de la ausencia del padre en edad temprana
en la consecución de la feminidad (Lohr, Mendell y Riemer - 1989)
Otro
estudio, de Rynard, publicado en el periódico de la Asociación
Científica Americana de Ortopsiquiatría, en 1990 se ratifica en
cuanto a los efectos continuados y diferidos de una separación en
las niñas.
En
tanto que en su mayoría los adolescentes de hogares recién
deshechos resultaron más afectados por el divorcio de sus padres,
hay evidencias de que existen efectos a largo plazo procedentes de
rupturas anteriores. Muchachas Adolescentes que han experimentado el divorcio de
sus padres cuando tenían menos de seis años o entre seis y nueve años
muestran tener problemas de alcohol o drogas en proporciones mayores
a las de las chicas procedentes de hogares íntegros.
Además, en aquellas cuya experiencia del divorcio de los
padres tuvo lugar antes de los seis años, era mucho mayor la tasa
de absentismo familiar que en los casos de niñas procedentes de
hogares íntegros o de aquellas cuyos padres se separaron cuando
ellas contaban entre seis y nueve años.
Y
un artículo de Octubre de 1990 publicado por la misma revista científica
y firmado por Frost y Pakiz añade:
En
muestras estadísticas de mujeres adolescentes y adultas, el
divorcio de los padres ha sido asociado con una menor autoestima,
mayor precocidad sexual y actividad sexual, mayor comportamiento
asimilable al delictivo y mayor dificultad a la hora de establecer
relaciones heterosexuales gratificantes y estables en la edad
adulta. Es
especialmente destacable apreciar que en estos estudios el divorcio
tuvo lugar años antes de observar ninguna anomalía en el
comportamiento.
En
el momento de la separación, cuando el padre (normalmente) se ve
obligado a dejar el hogar familiar y pierde progresivamente
involucración con sus hijos en los años subsiguientes, parece que
es cuando las chicas experimentan la pérdida emocional del padre
egocéntricamente manifestada como una rechazo de él hacia ellas.
Siendo más común entre edades preescolares y los primeros años
de la elemental, hemos observado este fenómeno en los años
posteriores de la escuela elemental y en adolescentes jóvenes.
En este caso, la continua falta de involucración se
interpreta como un rechazo continuo por parte del padre.
Muchas niñas atribuyen este rechazo a no sentirse
suficientemente guapas, cariñosas, atléticas o inteligentes como
para complacer al padre e interesarle en mantener contactos
frecuentes y regulares.
Finalmente,
aquellas niñas cuyos padres se divorcian pueden crecer sin la
experiencia diaria de interactuar con un hombre que es atento, solícito
y cariñoso. El
sentimiento continuo de ser evaluada y amada como mujer es un
elemento especialmente determinante en el desarrollo de la convicción
de que una es, en efecto, una mujer digna de apreciación y amor.
Sin esta fuente constante de alimentación, el sentimiento de
una niña de ser valorada como mujer no parece cuajar.
Aún
más: Rebeca Drill, de
la universidad de Harvard, escribe:
Dado
que el divorcio es un proceso, y no un acontecimiento aislado, sus
efectos pueden ser acumulativos, por lo que la intervención
temprana es por tanto beneficiosa.
La
involucración continua del padre que no ostenta la custodia en la
vida del niño resulta crucial a la hora de evitar un intenso
sentimiento de pérdida en el niño… La importancia de la relación
con el padre que no custodia puede tener también implicaciones para
aspectos legales de la custodia y el régimen de visitas.
Los resultados de este estudio indican que los acuerdos en
los que ambos padres están igualmente involucrados con el niño son
los óptimos. Cuando
este tipo de acuerdos no son posibles, la relación continua del niño
con el padre que no custodia continua siendo esencial.
Otros
estudios son coincidentes en estas apreciaciones, particularmente
las vinculadas a la pérdida de autoestima del niño en casos de
extrañamiento del padre.
Un
monográfico de la doctora Joan Kelly, concluye:
Las
mismas teorías del desarrollo y las relaciones ya deberían
habernos alertado a los profesionales de la salud mental sobre el
potencial inmediato y las consecuencias de largo alcance que tiene
para un niño el hecho de ver a su padre solo cuatro días al mes. Y
no obstante, hasta hace poco, no había ningún estímulo específico
para considerar acuerdos post-divorcio que contemplaran esta
realidad, a pesar de la evidencia creciente de que las relaciones
tras el divorcio no eran lo suficientemente satisfactorias o
estabilizantes para muchos niños y padres.
Hay
también evidencias de que en nuestros esfuerzos bienintencionados
de salvar a los niños de la ansiedad y la confusión durante el
periodo inmediatamente posterior a la separación, y mediante las
leyes que regulan los conflictos de divorcio, hemos creado la base
de síntomas más ominosos aún de ira, depresión y un profundo
sentimiento de pérdida al privar al niño de la oportunidad de
mantener una relación plena con cada padre.
Para
terminar con este capítulo, transcribo fragmentos de una
conferencia que, sobre estos temas, pronunció el Gobernador Wilson,
de Georgia, sobre las raíces de la delincuencia y el deterioro
social:
…
“Si preguntan a un hombre por qué trabaja, él sacará su cartera
y les enseñará las fotos de su familia.
Esta motivación se ha debilitado incluso para aquel 50% de
la población que aún conservan intactas sus familias.
Los varones han perdido confianza en que la sociedad les
quiera más como cabezas de familia que como proveedores de sus
ex-familias. Esto es lo que oyen muchos hombres cuando escuchan al
presidente Clinton
decir: “Os
encontraremos, y os haremos pagar”.
A
muchos hombres aún les gustaría ser padres, pero nuestra sociedad
les está dando escasas seguridades de poder tener familias, de que
podrán extender sus cheques para proveer para sus familias en lugar
de subsidiar a ex-esposas y pagar otras cosas como jueces y burócratas.
Un
juez tratará un caso de divorcio por la mañana y pondrá a los niños
bajo la custodia de la madre. Tratará un caso criminal por la tarde
y enviará a un hombre a prisión por robar una tienda de bebidas
alcohólicas. Las probabilidades son del 75 % de que el criminal que acaba
de enviar a prisión creciera en un hogar cuya custodia correspondía
en exclusiva a una mujer, justo el tipo de hogar que él ha creado
por la mañana cuando sentenció el caso de divorcio. Y no alcanzará
a ver ninguna relación entre los dos casos, a causa de la
diferencia de tiempo entre la causa y los efectos.
Los niños que ha colocado bajo la custodia de la mujer tal
vez fueran bebés que no han robado aún una tienda de bebidas o
tenido hijos ilegítimos… pero ellos crecerán, y se convertirán
en adolescentes, chicos capaces de cometer crímenes de violencia,
chicas capaces de tener hijos ilegítimos (…)
(…)
Lo que contaba era el tremendo aumento de divorcios y de
hijos ilegítimos hacia mitad de los sesenta, unido al sesgo anti-
varones de los juzgados de familia, que transformaban de un plumazo
hogares con un cabeza de familia varón en hogares con una cabeza de
familia mujer. Los juzgados que colocaban a los niños en esta
situación esperaban poder obligar a los padres a quienes habían
exiliado a subsidiar la familia que ellos mismos habían destruido,
pagar por criar a sus hijos en hogares dirigidos por mujeres, en los
que ellos sufrirían probablemente más abusos, negligencias, y
confusión social y sexual. Y además, les encantaría poder culpar
a los padres de su propia inepcia a la hora de crear una alternativa
a la familia.
El
sistema del bienestar es igualmente responsable de subsidiar (y por
tanto de crear) hogares con mujeres como cabeza de familia. Al igual
que los juzgados de familia, los burócratas del bienestar quisieran
hacer que los padres biológicos pagaran.
Fracasaron en comprender lo que Margaret Mead explicó, que
ser padre no es un asunto biológico, sino una creación social.
Si estos padres exclusivamente biológicos tienen que pagar,
también deben convertirse (o se les debe permitir continuar siendo)
padres reales, en el sentido que habla Mead, hombres con un rol
igual al que les ha sido arrebatado a los ex-maridos por el juez que
sentenció su divorcio: necesitan
una motivación más válida que el “os encontraremos y os haremos
pagar”.
Esta
última motivación es evidentísimo que no puede hacer padres de
verdad. Los padres de verdad requieren ser creados, como dice Mead,
por la sociedad. Nuestra sociedad está haciendo lo contrario
—destruyendo millones de padres a través de los juzgados de
familia y el sistema de bienestar.
(…) La
debilidad biológica del rol de padre no es razón para arrojarlos
fuera de la familia, sino para reforzar su rol en ella.
Puede
que no sea políticamente correcto, pero yo comparto una gran mayoría
de estas opiniones. Creo que es lo justo para padres e hijos. Lo
contrario es mantener una situación de privilegio en las mujeres
que no solamente no beneficia a los padres y a los hijos sino que, a
la larga, también las
perjudica a ellas.
"Más sobre los padres y los
hijos" es el capítulo VII del libro "El hembrismo,
sumidero de la desdicha" (1998), de Pablo
Mirell. (Publicado con
autorización)
© Agrupación Granadina de
Madres y Padres Separados (Canaletas-Alhambra) La
versión íntegra del libro en formato electrónico puede
consultarse en el sitio web de la Agrupación
Granadina de Madres y Padres Separados (CANALETAS-ALHAMBRA) |