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Siempre que
se discute sobre padres y divorcio, una imagen predomina:
"el padre negligente", el canalla que
prefiere conducir coches deportivos a pagar pensiones a sus
hijos. Dado que escribo sobre asuntos familiares, me veo
habitualmente inundada con llamadas telefónicas, faxes,
cartas y e-mails de hombres divorciados.
No es noticia que los divorciados tengan poco bueno que
decir de sus ex-parejas.
Lo que me interesa es determinar si el sistema asiste a
las personas durante este difícil periodo de sus vidas, o las
hunde en la miseria.
Desde un
ingeniero aeronáutico en British Columbia hasta un cartero en
las praderas, hasta el bombero de Toronto, las historias de
los padres divorciados tienen un elemento en común:
en tanto que la sociedad estereotipa a estos hombres
sin piedad, la mayor parte de los padres divorciados pagan las
pensiones de sus hijos. Entre
aquellos que no lo hacen, un pequeño porcentaje rehusa
hacerlo por voluntad propia (los malvados de los que usted oye
hablar a todas horas). Lo
que nadie le ha dicho a usted es que los otros hombres
atrasados en los pagos están demasiado empobrecidos para
pagar, se les ha condenado a pagar cantidades irracionales o
son víctimas de canalladas burocráticas.
Hoy, el
lunes y el martes, El National Post les contará las historias
de padres que han sido conducidos al suicidio por un sistema
sordo a sus peticiones. Les
presentaremos a un hombre que aún está pagando pensión a su
hija de 23 años, que trabaja.
Les contaremos acerca de un ejecutivo con un sueldo
neto mensual de $7,455 al mes al que le quedan $302 después
de pasar pensión de alimentos a sus hijos y la compensatoria
a su ex-mujer.
Sus vidas
están siendo devastadas por juzgados y gobiernos que
consideran que ninguna medida es lo bastante punitiva en su
guerra abierta contra los llamados "padres
negligentes".
El pasado
Julio, en un barrio marginal de Regina, un padre divorciado de
39 años se ató una cuerda alrededor del cuello y se colgó
en su entresuelo. Sus
hijos, de 8, 9 y 11 años y uno mayor, adoptado, no han sido
aún informados del modo en que su padre murió, por lo que su
familia ha pedido que su nombre real sea ocultado.
Llamémosle Jim.
Jim era
alto y delgado, con ojos y pelo oscuros.
Trabajaba como mecánico en un concesionario de automóviles,
especializado en reparaciones de la transmisión.
Además de cuatro hijos huérfanos, deja atrás padres
doloridos, dos hermanas y un hermano.
Y una nota
de suicidio, limpiamente escrita, de dos páginas: "Los
últimos cinco años han sido muy difíciles emocional y
financieramente para mí, desde la separación hice cuanto
pude para atender al sostenimiento económico de mis hijos y al
mismo tiempo, ganarme la vida", dice.
"El resultado final es que ello me ha conducido a
la bancarrota total... Esta
es la única solución, porque no veo absolutamente ninguna
luz al final del túnel".
Jim no es
el único padre divorciado abocado a medidas desesperadas.
La semana pasada, la policía recuperó el cuerpo de
Darrin White, de 34 años, de la ciudad de Prince George en
British Columbia (B.C.) El
Sr.
White se ahorcó después de haber recibido el requerimiento
para pagar $2,070 al mes en concepto de cargas familiares
-incluso tras haber manifestado al juzgado que estaba de baja
por stress de su trabajo y que le quedaban libres unos $1,000
al mes. A pesar
de haber hecho cuanto estuvo en su mano para cumplir sus
obligaciones, muchos hombres divorciados no reciben ninguna
simpatía de nadie.
En su
carta, Jim protesta diciendo que "no todos los padres son
negligentes", y expresa su angustia por haber sido
despojado de su "derecho a ser padre" de sus hijos,
tras haberle sido otorgada la custodia en exclusiva a su
ex-esposa.
"Dos
veces en los últimos cinco años quise hacer mi propia vida,
pero por amor y por los buenos tiempos que compartí con mis
hijos, resolví no hacerlo", escribió.
"Espero que algún día mis hijos me comprendan y
me perdonen por haberles dejado".
En Octubre
de 1995, Andrew Renouf de Markham, Ontario., dejó una nota de
suicidio similar. Describiendo
como el gobierno de Ontario había embargado todo su sueldo
menos 43 centavos de su cuenta bancaria el día de cobro, tres
días antes, escribió: "No
tengo dinero para comida o gasolina para mi coche que me
permita ir a trabajar".
Aunque trató de explicar su situación a la oficina de
refuerzo para el sostenimiento de niños, según dijo,
"la respuesta fue 'tenemos una orden judicial' varias
veces. Traté de
hablar con la beneficiencia de Markham, (pero) como gané más
de $520 el mes anterior, no tenía derecho a recibir
asistencia".
Mr. Renouf
dijo en su nota que no tuvo contacto con su hija en cuatro años.
"No sé siquiera si está viva y en buen
estado", escribe. "No
hay ninguna motivación para seguir vivo.
Mi intención es conducir a una zona tranquila cerca de
mi casa, meter los gases del tubo de escape en el coche, tomar
algún somnífero y utilizar la gasolina que me queda para
quitarme la vida. Hubiera
preferido morir con más dignidad.
Hazel
McBride, una investigadora sobre el suicidio y psicoterapeuta
de Toronto, dice que ha empezado a encontrarse con un
considerable número de casos similares desde principios de
los años 90. Uno
implicaba al propietario de un pequeño negocio que vino
pagando la pensión alimenticia de sus hijos fielmente hasta
que vino la recesión. Después
de la que oficina de refuerzo para el sostenimiento de niños
embargara dinero de la cuenta corriente de su negocio, su
negocio se hundió, y su casa fué embargada, sufriendo un
infarto después. Acabó
volándose la cabeza con una pistola.
"Estos
no son casos aislados", dice la especialista.
"tuve un hombre que vino a verme, con cáncer, y
que tenía que dejar su trabajo de camionero de larga
distancia. Como
autónomo, no tenía cobertura por dispacidad.
Su mujer se había vuelto a casar y vivía bastante
bien, y además, tenía a los niños.
La única cosa que le quedaba era la casa que heredó
de sus padres. No
muy grande. Y una
vez realizados los pagos de las pensiones, no le quedaba ni el
dinero para la calefacción.
Esta es una de las razones por las que dejé de
dedicarme al trabajo clínico", dice la Dra. McBride,
"porque las historias eran tan dramáticas y había tan
poco que pudiéramos hacer por la gente... Este hombre decía,
'quiero huir de todo esto y suicidarme.
Nada va a mejorar'.
Y tenía razón, no iba a mejorar".
Los padres
que han sido empujados hasta el punto de ruptura rara vez
atraen la atención de los medios de comunicación, porque
todo el mundo asume que son "padres negligentes".
Las requisitorias del Gobierno se dirigen contra
hombres atrasados en los pagos de pensiones, llamándoles
"padres delincuentes" que "se sustraen de sus
deberes en el sostenimiento de sus hijos" y que por tanto
necesitan "ser obligados a afrontar sus
obligaciones".
El gobierno
de Ontario declara que tales padres deben 1200 millones de dólares
en pensiones sólo en esa provincia, y registran que sólo un
24% de los obligados a pagar están al día.
Se ha pintado un retrato maldito de todos los padres
divorciados.
Pero el
asunto es mucho más complejo.
Para los que no están familiarizados con el tema, los
registros de la oficina de refuerzo para el sostenimiento de
niños son notablemente poco fiables y desfasados.
El año pasado, Wayne Sagle, de Sault Ste. Marie,
Ontario, le comunicaron que debía $51,000 en concepto de
atrasos. Sólo
tras haber contactado la oficina nacional de correos con la
ex-exposa de Mr. Sagle tuvo que admitir el gobierno que los
$51,000 eran una ilusión.
Con la declaración de la ex-esposa reconociendo que
los niños habían vivido con su padre desde 1990 se evidenció
que el auténtico problema fué el retraso burocrático crónico.
En otro
caso, meses después de que un hombre obligado a pagar pensión
cometiera suicidio, la oficina de refuerzo para el
sostenimiento de niños de Ontario continua enviando
requerimientos a uno de sus domicilios anteriores y, sin duda,
a contabilizar sus atrasos en el monto total del dinero
adeudado. (Un
estudio en USA determinó que el 14 % de los hombres listados
bajo el epígrafe de negligentes en los registros estatales
habían en realidad fallecido).
En algunas
provincias Canadienses, hombres que pagaban sus pensiones
religiosamente cada dos semanas (el día de cobro) fueron
clasificados como atrasados en el pago por medio mes, tan sólo
porque las oficinas de refuerzo para el sostenimiento de niños
tienen su contabilidad basada en un ciclo mensual.
No existe
investigación alguna sobre los pagadores de pensiones en
Canadá, pero los estudios realizados en otros paises indican
que la gran mayoría de hombres divorciados cumplen sus
obligaciones -y los que no lo hacen a menudo tienen buenas
razones para ello.
De acuerdo
con Roger Gay, un experto internacional en el pago de
pensiones, que vive en Estocolmo, la única estadística
significativa sobre pensiones pagadas a los niños es el
porcentaje de pensiones dictaminadas por los jueces que se
pagan de hecho. En
USA, dice, "los padres en general pagan entre el 70 y el
80% de lo debido".
Y lo que es
más, las altamente publicitadas medidas, como suspensión de
permisos de conducir, revocación de pasaportes y condenas
carcelarias han logrado poco.
A pesar de los esfuerzos de los 50000 funcionarios
empleados por la burocracia para la recaudación de pensiones
para niños en USA -que cuesta $4 billones al año- El Sr. Gay
dice que el porcentaje de pensiones alimenticias pagadas no ha
cambiado desde mitad de los años 70.
"Hemos dejado pasar demasiados años sin admitir
ante la opinión pública que estas medidas no han sido más
que un fiasco".
La dicultad
en recaudar el restante 20-30% se debe esencialmente al hecho
de que la guerra abierta contra los padres negligentes es en
realidad una gerra abierta contra los depauperados - contra
hombres que siempre han estado en situación de marginalidad
económica o han resultado empobrecidos a causa del mismo
proceso de divorcio-.
De acuerdo
con el Instituto de la Pobreza, la mitad de los padres
no-pagadores de Wisconsin ganan menos de $6200 al año y solo
uno de cada diez gana más de $18500 anuales.
Otras investigaciones muestran que la tasa de desempleo
es uno de los más fiables predictores del cumplimiento de las
pensiones por alimentos.
(Aunque incluso así, la mitad de los hombres que
fueron despedidos, según una investigación tomada de una
muestra estadística, todavía se las arreglaban para pagar la
cantidad total).
In 1996, un
funcionario de la oficina de refuerzo para el sostenimiento de
niños de Oklahoma, en un artículo para el Christian Science
Monitor, acusaba a los políticos de padecer ansia por
encontrar "los perfectos cabezas de turco", y
demonizar a los padres que no pagaban.
"La mayor parte de los padres negligentes son, en
realidad, personas intimidadas, encabronadas y
deprimidas", escribía el funcionario, que admitió haber
encarcelado a cientos de ellos.
"No sólo
muchos de esos padres negligentes son destituidos, sino que
menudo, su fracaso como pagadores es lo que condujo a
sus esposas a divorciarse de ellos.
Yo perseguí a uno que había sido hospitalizado por
malnutrición y otro que vivía en la cama de un furgón.
Muchas veces he perseguido a hombres empobrecidos por
sus esposas que, a su vez, se habían vuelto a casar con
hombres de éxito y que vivían en condiciones
confortables".
Sin
embargo, el estereotipo del padre divorciado con montones de
dinero, que mezquina y deliberadamente rehusa a darlo,
persiste -e influencia negativamente a los jueces.
En palabras
de Pauline Green, una abogada de familia de Toronto,
"algunos jueces piensan que los hombres se han salido con
la suya demasiado facilmente en el pasado con temas como las
pensiones alimenticias. [su
posición es:] 'es decir, no me importa lo que nadie diga, no
me importan las excusas que tengan...'"
Susan
Baragar, una abogada que además es feminista, de Winnipeg, añade:
"No hay equidad en los juzgados de familia.
Quiero decir, hay un chiste común entre nosotros, los
abogados de familia. Decimos:
"si tú eres el hombre, ponte el casco y recula".
Hay injusticias que siguen otro camino, si lo
consideramos desde una perspectiva de caso por caso.
Pero en general, sé que si represento a una mujer lo
voy a tener más fácil ante un tribunal.
Mientras
que la sociedad insiste en que los padres divorciados deben
"ser contabilizados" algunos investigadores están
planteándose si nuestro deseo contable no está resultando
una persecución.
En
"Padres Derrochadores", los coautores Ross Parke y
Armin Brott presentan una letanía de historias de terror
-incluyendo el caso de un portero acusado en falso de
asesinato. Después
de una década en distintas prisiones de Texas, el hombre fue
liberado sólo para pasarle una factura de $22,000 en concepto
de pensión de alimentos que se habían ido devengando
mientras estuvo entre rejas
A los
pagadores de pensiones también se les presupone automáticamente
el estar ecquivocados. A
finales del 1997, la ex-mujer de George Roulier, Carol
McIntosh firmó una declaración jurada conforme a la cual él
tenía atrasos en el pago de las pensiones por importe de
$1,220. Cinco semanas más tarde, el gobierno de
Ontario instruyó al jefe de Mr. Roulier para que empezara a
embargar el dinero de su nómina.
En lugar de
llevar a cabo una investigación, la agencia de refuerzo para
el sostenimiento de niños parece simplemente fiarse de la
palabra de las mujeres que reclaman.
"Me dijeron que intentaron enviarme una
carta," dice Mr. Roulier.
"Yo dije, 'bueno, envíenme una copia'.
Y ellos dijeron 'Ni pensarlo'".
Siete meses
más tarde, cuando Mr. Roulier se personó en el juzgado con
sus cheques ingresados por el periodo en cuestión, el juzgado
declaró que que él había pagado "todo lo debido hasta
el 31 de Enero de 1998 directamente a Carol McIntosh" y
que "no había ningún tipo de atrasos".
Mr. Roulier
todavía está intentando que se le devuelvan los atrasos que
le fueron embargados y que el juez declaró como no debidos.
En Septiembre de 1998, la agencia le devolvió una
parte de su dinero.
Pero en
Octubre, David Costen, Director ejecutivo de la agencia que
había fracasado a la hora de verificar la información antes
de ejecutar el embargo, se lavó las manos respecto al tema:
"La pregunta es si la receptora ha tergiversado la
información o ha sido incapaz de darla correctamente"
escribió a Mr. Roulier, "siendo por tanto un asunto
legal entre usted y la receptora de la pensión.
Al mismo
tiempo que la sociedad demanda a los padres divorciados que
paguen, nuestros tribunales, gobiernos y servicios sociales
fracasan en reconocer el enorme efecto que la pérdida diaria
de contacto con los propios hijos tiene en la capacidad de los
hombres de ganarse la vida.
"Ningún
gobierno ni tribunal debería poder separar a un hijo de un
padre a menos que existiese una muy, muy, muy buena razón",
dice la Dra. McBrice. "Porque
un niño desarraigado es como un niño que agoniza.
Es absolutamente incivilizado, bárbaro y devastador
para cualquier padre. No
es infrecuente que esta gente sufra crisis depresivas".
Y en tanto
que existe un gigantesco y caro sistema para recolectar
pensiones alimenticias de padres divorciados, no existe ningún
sistema paralelo que asegure los derechos de los niños y los
padres para mantener un contacto cercano y regular.
Tras la
ruptura de su matrimonio a finales de 1997,
la mujer del bombero de Toronto Alan Heinz manifestó
ante un tribunal que tenía tres ofertas de trabajo esperándola
en alemania. El
accedió reacio a que se mudara con la hija de la pareja, que
ahora tiene tres años, pero se indignó cuando ella, al cabo
de poco tiempo, ella pasó a depender de la beneficiencia
estatal.
Mientras
que nadie con autoridad ayudará a Mr. Heinz a procurar el
regreso de su hija, la Oficina de Bienestar Juvenil en Neuss,
Alemania, está intentando obtener de él pensiones
alimenticias en un intento de ahorrarse sus propios gastos de
asistencia social.
Mr. Heinz
ha terminado arruinado tras librar una batalla legal que ha
abarcado dos continentes.
A sus 41 años, no tiene más remedio que vivir en el
entresuelo propiedad de sus padres.
Edward
Kruk, profesor de asistencia social en la Universidad de
British Columbia, que ha estudiado a padres divorciados en los
últimos 15 años, dice que a pesar del rol más activo de
muchos padres de nuestro tiempo tienen en la vida de sus
hijos, "los padres hoy tienen menos posibilidades de
obtener la custodia ante un tribunal que en los años
70".
En otras
palabras, el mensaje de la sociedad a los padres divorciados
es que lo único que se quiere de elos es dinero.
Es un mensaje que algunos de ellos encuentran muy difícil
de asumir.
Entre los
documentos personales de Jim, los hay que indican que en el año
anterior a su muerte, su situación financiera había
empeorado. A
finales de 1998, perdió casi tres meses de trabajo a causa de
una herida en la espalda.
Hacia mitad de noviembre de ese año, recibió una
carta del Fondo de Garantía Salarial de Saskatchewan informándole
de que sus sueldos de baja habían sido embargados.
De acuerdo
con una declaración jurada que Jim firmó unos pocos meses
antes de su muerte, entre Agosto de 1998 y Enero de 1999, sus
gastos excedían notablemente a sus ingresos, en más de $100
al mes.
Pagó un
modesto plus de $460 por alojamiento, $40 en ropas durante
todo el año pasado y sólo $52 en herramientas -incluso
cuando se sabe que los mecánicas necesitan comprar
regularmente herramientas para poder ejercer eficientemente su
profesión.
George
Seitz, un amigo suyo, dice que Jim vivió en una vecindad muy
difícil, "un lugar de Regina en donde yo jamás viviría",
tan sólo porque los alquileres eran baratos.
Cuando los dos hombres se juntaban con sus hijos, Mr.
Seitz rara vez recuerda ver a Jim comiendo.
"Creo que, debido a su posición financiera, él
compraba a sus hijos comida privándose él mismo de
ella".
Como Jim
menciona en su declaración jurada, de la paga de un mes (en
torno a $1,650) "mi gasto más significativo era la pensión
de [$800] que daba a mis hijos".
Pero eso no era bastante.
Aunque Jim
había sido el propietario del domicilio matrimonial antes de
su matrimonio, que duró cinco años, el juez otrogó a su
ex-esposa la mitad de su propiedad cuando la pareja se divorció.
Basándose en la fórmula que evaluó la casa en una
cantidad mayor de aquella por la que realmente se vendió, se
le ordenó a Jim pagar a su antigua esposa más de $8,000 y se
le hizo responsable de una factura de tarjeta de crédito de
$3,400.
Alegando
que no tenía medios posibles para obtener estas cantidades,
Jim intentó declararse legalmente en bancarrota.
En Marzo de 1998, el Juez Maurice J. Herauf sentenció
que la cantidad de dinero en cuestión "no es
considerable y podría pagarse en su totalidad".
Añadió que "hay que dejar claro al arruinado que
se le hace responsable de sus actos".
En Junio de
1999, el mismo juez denegó la apelación de Jim declarando
que su "intransigencia a pagar nada a su esposa en
concepto de co-propiedad es tan evidente en estos momentos
como lo era en el momento de la audiencia".
Como
resultado de estas dos audiencias, se le añadieron al débito
de Jim $500 en concepto de costas judiciales de su esposa, la
cual sostuvo vigorosamente que Jim no estaba arruinado.
El juez
decretó que el monto de casi $13,000 que Jim debía ya habría
de ser deducido a razón de $100 de cada cheque que él
recibiera en los próximos seis años, dejándole la cantidad
de $650 al mes para vivir él.
Menos de
dos semanas después de haber perdido la apelación, la
familia de Jim le enterraba en un cementerio de Regina.
Ni su ex-esposa ni sus hijos fueron al funeral.
Tres años
más tarde, Andrew Renouf se asfixió en su coche cerca de
Markham, Ontario, porque él tampoco vió otra salida.
Un pequeño grupo de gente hizo un servicio memorial a
las puertas de la oficina de refuerzo para el sostenimiento de
niños.
Durante su
sermón, el Reverendo alan Stewart, de la Iglesia
Presbiteriana Westview de Toronto, hizo las siguientes
matizaciones: "La
terrible realidad de esta historia es que todos perdieron.
Una hija perdió a su padre, una ex-exposa perdió su
pensión, la sociedad perdió a un miembro bueno y productivo,
y Andrew perdió lo más precioso:
la vida. Seguramente
un sistema que hace que todos sean unos perdedores tiene que
estar equivocado".
Copyright
© Southam Inc. Reservados todos los derechos.
Optimizado por navegadores de versión 3.0 y superior.
(Publicado en The National Post el 25 Marzo 2000)
(Traducción cedida por la Asociación
de Padres y Madres Separados Canaletas-Alhambra (Granada)
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