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DONNA
LAFRAMBOISE
Pertenece a la plantilla del National Post,
uno de los dos grandes diarios nacionales del Canadá y es
colaboradora de otros importantes diarios y revistas canadienses.
Es autora del libro The Princess at the Window: A New Gender
Morality ["La princesa en la ventana: una nueva moralidad de
género"]
(Penguin, 1996), entre otras publicaciones. Feminista ardiente en
otro tiempo, poco a poco fue cambiando de actitud ante el feminismo
radical, con el que ha llegado a ser muy crítica, aunque sigue fiel
a los postulados de feminismo igualitario. O dicho con sus propias
palabras, se considera "feminista disidente" (dissident
feminist) frente a las "feministas dirigentes" o
"feministas del sistema" (establishment feminists).
El título
"La princesa en la ventana" es, a la vez, una metáfora de
toda la obra de Dona Laframboise.
Su significado se explica en un relato que sirve de
introducción al libro. Una princesa vive permanentemente en una de
las alas del castillo. Desde su ventana sólo puede contemplar una
única perspectiva del paisaje. Ese punto de vista exclusivo define todas sus ideas sobre el
mundo. Cuando, al cabo
de varios años, se muda a otro lugar de su castillo y ve el paisaje
desde una ventana distinta, abandona sus antiguas creencias y adopta
la nueva perspectiva como única fuente de la verdad.
Laframboise, que
fue ardiente feminista en su primera juventud, empezó más tarde a
contemplar el paisaje social desde otra ventana y, sin llegar a
convertirse en antifeminista, antepuso a cualquier otra
consideración su fidelidad a
"principios tales como la razón, la equidad y la
justicia", según sus propias palabras. "Cuando
el feminismo se enreda en una ideología confusa, cuando empieza a
reclamar medidas que son injustas, todos tenemos el deber moral de
protestar". Sin
embargo, el feminismo se caracteriza por no aceptar la crítica.
"El feminismo ha de aceptar las críticas como cualquier
otra ideología de nuestra cultura, y debe ser juzgado con los
mismos criterios. Hemos de estar dispuestos a reconocer que una mentira sigue
siendo una mentira aunque esté en boca de feministas bien
intencionadas".
"En este
libro -señala la autora en el prólogo- sostengo que, en América
del Norte, el feminismo se basa actualmente en un concepto erróneo
de la igualdad de la mujer, es extremista, obsesivo, arrogante e
intolerante. Aunque
esas características han estado siempre presentes en el feminismo,
al igual que en otros movimientos sociales, ahora resulta imposible
distinguirlas de la tendencia principal."
Y más adelante añade: "A un visitante de otro planeta
cuya información procediese de fuentes feministas no podríamos
reprocharle que considerase al varón en general como
violador o autor de abusos sexuales a los niños o malos tratos
contra su mujer."
En su artículo One-Stop
Divorce Shops [algo así como “Las taquillas del divorcio”],
publicado en el National Post el 21 de noviembre de 1998,
Donna Laframboise describe cómo los albergues de mujeres
maltratadas han adquirido un protagonismo que los convierte en
verdaderas ventanillas gratuitas donde adquirir sentencias de
divorcio rápidas y absolutamente favorables.
Terri (nombre ficticio de una enfermera de 36 años) relata cómo
su madre le aconsejó acudir a uno de esos albergues, donde su
denuncia de malos tratos contra su esposo, aunque falsa, fue
aceptada al pie de la letra. No
sólo dieron por buena su historia sin más comprobaciones, sino
que, en el informe presentado por el albergue al tribunal, además
del supuesto historial de malos tratos, atribuyeron al marido las
características típicas de un alcohólico, así como otras
relativas a su falta de higiene y a imaginarias dolencias hepáticas.
Escudada en ese informe, Terri no tuvo problema alguno para
obtener la custodia de sus hijos, mientras que al padre se le denegó
todo derecho de visita. Más
tarde, Terri se arrepintió de lo que había hecho, pero para
entonces hacía más de un año que los niños no veían a su padre.
Según indica
Laframboise, este tipo de recursos se han generalizado en el Canadá.
Para una mujer, la forma más expeditiva de plantear una
demanda de divorcio es acudir a un albergue de mujeres maltratadas y
solicitar un informe. A
pesar de que el personal de los albergues no conoce a los hombres acusados,
ha
oído únicamente la versión de una de las partes y sólo ha
tenido relación con las denunciantes durante un breve periodo de
tiempo y en condiciones muy artificiales, proporciona
sin problema informes desfavorables para el marido que son decisivos
ante los tribunales.
Los abogados
entrevistados reconocen que esa táctica conduce invariablemente al
mismo resultado: la mujer obtiene la custodia de los niños, con las
ventajas económicas consiguientes, y el padre se ve privado de toda
posibilidad de contacto con sus hijos.
Una abogada reconoce que los albergues intervienen en la
tercera parte de los casos en que se denuncian abusos sexuales
contra niños en procedimientos de divorcio, por lo que ha
solicitado reiteradamente que se investigue el rigor de los informes
emitidos por esas instituciones de acogida.
Otra abogada admite haber utilizado tales informes a favor de
sus defendidas, pero señala que, cuando se trata de defender a
hombres acusados de malos tratos o abusos, solicita que esos
informes vayan acompañados de la declaración jurada de quien los
expide, ya que tal declaración le permite interrogar como testigo a
quien la firma. En
general, el personal de los albergues se muestra mucho más cauto
ante esa posibilidad.
Como
indica Terri al comienzo del artículo, ella, al igual que otras
muchas mujeres, han abusado del sistema "porque es absurdamente
fácil y porque siempre hay algo que ganar".
Odd
man out [modismo de difícil traducción que podríamos
sustituir por otro modismo: "Al que le toca..."] apareció
en el National Post el 1 de diciembre de 1998 y es un
comentario del libro Divorced Dads: Shattering the Myths ["Padres
divorciados: mitos que saltan en pedazos"], del psicólogo
Sanford Braver. El libro de Braver, resultado de un estudio de 8 años
de duración que abarcó a 1.000 ex parejas estadounidenses, llega a
la conclusión de que prácticamente todas las creencias de la
sociedad acerca de los padres (varones) divorciados son rotundamente
falsas.
Por ejemplo, es erróneo pensar que
los padres no suelen pagar las pensiones o que los hombres casados
con mujeres de mediana edad inician el divorcio para irse con otras
más jóvenes, ya que "la más importante causa de impago de la
pensión alimenticia es la pérdida del empleo" y "dos de
cada tres divorcios son promovidos por la mujer". En cuanto a
los factores que han determinado la ruptura matrimonial "la
violencia o los malos tratos están asombrosamente ausentes, ...y
predominan factores menos dramáticos, tales como 'el
distanciamiento gradual', 'las diferencias del modo de vida', 'la
sensación de no ser amado(a)' y 'la incapacidad de un cónyuge para
atender las necesidades del otro'".
Entre los padres (varones)
entrevistados, "ni uno sólo admitió que el sistema le hubiera
favorecido en lo más mínimo", según el informe de Braver,
mientras que "el número de madres que opinó que el divorcio
favorecía a la mujer fue tres veces superior al de madres que
opinaron que favorecía al hombre". Otro dato frecuentemente
omitido en muchos estudios es el de las causas de la desvinculación
entre el padre y los hijos. "Los que han perdido contacto con
sus hijos -afirma Braver- han sido, en general, alejados de ellos
por su ex esposas, muchas de las cuales han reconocido abiertamente
que obstruyen el contacto entre sus hijos y su ex marido".
Aunque la mayoría de las mujeres
se oponen a compartir la custodia legal de los hijos, Braver afirma
que las ventajas de esa solución para los niños son tan innegables
"que la mayoría de los grandes investigadores se han sumado ya
al llamamiento para apoyarla". Los niños que se hallan en
una situación de custodia compartida "estan
considerablemente mejor adaptados y muestran menos problemas de
comportamiento, conductas impulsivas, depresión o tendencias
antisociales que los niños que viven en régimen de custodia exclusiva".
En tres entregas,
aparecidas entre el 25 y el 28 de marzo de 2000 en el National Post,
Laframboise publicó The
Myth of the Deadbeat Dad ["El mito del padre
irresponsable"], extenso y valiente reportaje sobre la
situación del padre separado en la sociedad moderna, que la propia
autora describe así en la introducción de su trabajo:
"Cuando se
habla de padres y divorcio, predomina siempre una imagen: la del
padre irresponsable y canalla que conduce coches deportivos en
lugar de pagar la pensión alimenticia de sus hijos. Como escribo
sobre temas de familia, me inundan constantemente las llamadas
telefónicas, faxes, cartas y mensajes electrónicos de hombres
divorciados. La noticia no consiste en que los individuos
divorciados tengan poco bueno que decir sobre sus ex mujeres. Lo
que me interesa es averiguar si el sistema ayuda a las personas en
esa época difícil de sus vidas o las empuja a la miseria.
Desde el
ingeniero aeronaval de Columbia Británica (Canadá) hasta el
cartero de las praderas o el bombero de Toronto, las historias de
los padres separados están todas cortadas por el mismo patrón:
aunque la sociedad aplica a estos hombres un estereotipo
implacable, la mayoría de los padres divorciados pagan su pensión
alimenticia. De los que no pagan, sólo un pequeño porcentaje se
niega deliberadamente a hacerlo: los tipos irresponsables de los
que ustedes oyen hablar constantemente.
Lo que a ustedes
no les cuentan es que los demás hombres atrasados en sus pagos
son demasiado pobres para pagar, están obligados a pagar
cantidades injustificablemente elevadas, han pagado durante
periodos absurdamente largos o son víctimas de desastres burocráticos.
En este
reportaje, dividido en tres partes, les contaré las historias de
padres a los que un sistema sordo ante sus súplicas ha
llevado al suicidio. Les presentaré a un hombre obligado aún a
pagar pensión alimenticia a su hija de 23 años y empleada. Les
contaré la historia de un ejecutivo con unos ingresos netos de
7.455 dólares mensuales, de los que sólo le quedan 302 dólares
al mes para sus gastos, tras haber pagado las pensiones
alimenticia y compensatoria a su ex esposa. Sus vidas están
siendo destrozadas por tribunales y gobiernos que consideran que
todo castigo es poco en la guerra contra los 'padres
irresponsables'".
El reportaje puede
consultarse en los siguientes enlaces:
- 25 de marzo de
2000, 'Pilloried,
broke, alone (Myth of the Deadbeat Dad, Part 1 of 3) National
Post, pp. B1, B4, B5. Second
Wives' Club
- 27 de marzo de
2000, 'This
is madness' (Myth of the Deadbeat Dad, Part 2 of 3) National
Post, pp. D1, D2.
- 28 de marzo de
2000, 'This
is about punishing Dad' (Myth of the Deadbeat Dad, Part 3
of 3) National Post, p. B1, B4.
- 28 de marzo de
2000, 'How
to end the war against divorced dads' (Myth of the
Deadbeat Dad - Conclusion) National Post, p. A18.
Otros textos de Donna
Laframboise (en español en este sitio web):
Enlaces de interés:
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