| CHRISTINE
STOLBA
Es historiadora. En colaboración con Diana
Furchtgott-Roth ha escrito el libro, Women's
Figures: An Illustrated Guide to the Economic Progress of Women in
America ["Las mujeres en cifras: guía ilustrada del
progreso económico de la mujer en los Estados Unidos"] (1999),
en que las autoras rebaten con cifras
y datos fehacientes la falacia de la supuesta discriminación
laboral de la mujer, y The
Feminist Dilemma: When Success Is Not Enough ["El dilema
feminista: cuando el éxito no basta"] (2001). Asimismo, ha
escrito numerosos artículos de opinión para The
Wall Street Journal, Investor's
Business Daily, Houston
Chronicle, The Orlando
Sentinel, etc., así
como para diversas publicaciones especializadas en historia y
sociología. Algunos de sus artículos, perspicaces y
directos, pueden consultarse también en el sitio web del Independet
Women's Forum (http://www.iwf.org).
En The Feminist Dilemma ["El
dilema feminista"], Diana Furchtgott-Roth y Christine Stolba
sostienen que, aunque las oportunidades son actualmente iguales para
mujeres y hombres, las preferencias profesionales de uno y otro sexo
no son siempre las mismas, lo que explica las diferencias que,
globalmente, puedan existir en sus respectivos niveles de ingresos.
Irónicamente, el logro de la igualdad para la mujer plantea un
serio dilema a las feministas contemporáneas, que no desean
reconocer que algunas de las preferencias de las mujeres, tales como
el estudio de la literatura en lugar de las matemáticas, o la
supeditación de la vida laboral al cuidado de los hijos, o incluso
el trabajo a tiempo parcial, dan por resultado una menor presencia
de mujeres en los puestos más elevados del escalafón laboral.
Para Furchtgott-Roth y
Stolba, el punto flaco del pensamiento feminista contemporáneo es
su insistencia en que todo lo que no sea la paridad estadística
con los hombres en cualquier terreno -incluida la representación en
los equipos deportivos universitarios, por ejemplo- es prueba
manifiesta de discriminación contra la mujer. En "El dilema
feminista" se critica la renuencia del movimiento feminista a
reconocer los logros reales alcanzados por las mujeres, porque tal
reconocimiento significaría privar al feminismo de su razón de
ser. En lugar de celebrar la victoria alcanzada en su lucha por la
igualdad de la mujer, las feministas actuales se fingen derrotadas y
adoptan una retórica victimista, dando a entender que las mujeres
nunca podrán triunfar por sí mismas si no se aplican más
programas preferenciales para ellas en los ámbitos educativo y
laboral. Los políticos y los empresarios sienten temor ante esos
nuevos objetivos del feminismo, pero carecen de valor para oponerse
a sus reivindicaciones. En "El dilema feminista" se
explica de qué modo las campañas ideológicas feministas están
socavando los principios de nuestro sistema económico, aunque en
realidad no contribuyan en nada al progreso de la mujer.
La estadística (corroborada por el
Presidente Clinton en 1999) de que las mujeres cobran únicamente el
75% de lo que cobran los hombres adolece de fallos elementales de
metodología, ya que compara la masa salarial de todas las mujeres
que trabajan a tiempo completo con la de todos los hombres que
trabajan a tiempo completo, pero no ajusta diferencias tan
fundamentales para la determinación del nivel salarial como la
clase de empleo, la categoría del puesto desempeñado, la edad, la
experiencia, el tipo de formación y el número de años
ininterrumpidos en activo. Cuando se tienen en cuenta esos factores,
el resultado es que las mujeres y los hombres ganan aproximadamente
lo mismo. Los hombres y las mujeres con niveles y tipos similares de
formación y experiencia disfrutan de la misma situación económica
y profesional y de idénticas oportunidades en el mundo laboral.
Existen explicaciones razonables
para las diferencias entre los promedios respectivos de los sueldos
de los hombres y las mujeres. En primer lugar, pocos de los
universitarios que cursaron carreras económicas o técnicas durante
los decenios de 1960 y 1970, y que actualmente se hallan en la
cumbre de su carrera, eran mujeres. Hasta finales del decenio de
1970, las mujeres solían graduarse en carreras que han estado peor
remuneradas. Incluso en la actualidad, el número de mujeres que
optan por carreras de tipo matemático o científico es menor que el
de hombres.
En segundo lugar, aproximadamente
el 80% de las mujeres tienen hijos en algún momento de su vida
profesional y abandonan total o parcialmente el trabajo para
criarlos. Otras mujeres optan por trabajos flexibles que les
permitan combinar la vida laboral con la vida familiar, pero que
suelen estar peor pagados.
En cuanto al avance de la mujer en
el ámbito académico, las cifras indican que, en la actualidad, la
presencia de mujeres es mayoritaria en las licenciaturas y los
estudios de posgrado ("masters"), y representa un 40% de
los doctorados. Mientras que en 1970 solo un 4% de las licenciaturas
en ciencias empresariales correspondieron a mujeres, en 1996 la
cifra había subido al 37%. Entre 1970 y 1996, el porcentaje de
mujeres licenciadas en Derecho pasó del 5% al 43%. El porcentaje de
mujeres incorporadas a la población activa pasó del 26% en 1940 al
60% en 1997. Entre 1970 y 1998, la representación femenina pasó
del 5% al 29% de los abogados, del 27% al 66% de los especialistas
en relaciones públicas, y del 39% al 62% de los psicólogos. El número
de empresas propiedad de mujeres aumentó en más del doble entre
1987 y 1997. La mayoría de esas empresas se hallan en el sector de
servicios, del que representan un 52%.
Otro mito fomentado por el
feminismo es el de la "barrera invisible" (glass
ceiling) que, supuestamente, impediría a las mujeres alcanzar
los puestos profesionales más elevados por el simple hecho de ser
mujeres. En 1995, la Glass Ceiling Commission emitió un
informe según el cual sólo el 5% de los altos directivos de las
grandes empresas de servicios eran mujeres, atribuyendo el hecho a
la discriminación por razón de sexo. Sin embargo, no tuvieron en
cuenta que los requisitos básicos para alcanzar esos puestos son la
titulación en Administración de Empresas o similar y un mínimo de
25 años de experiencia profesional, requisitos cumplidos por muy
pocas mujeres, debido al tipo de especialización universitaria
elegido en general por las chicas en los decenio de 1960 y 1970,
como se indicó anteriormente. La comparación global efectuada por
la Comisión adoleció de graves errores técnicos, pero políticamente
resultó muy útil: logró sembrar la alarma sobre la discriminación
contra la mujer, eso sí, utilizando conclusiones totalmente
viciadas y engañosas.
El retrato de las mujeres como víctimas
de una discriminación generalizada pasa por alto un importante
factor: la posibilidad de que muchas mujeres no tengan interés en
alcanzar a cualquier precio las zonas más altas del escalafón
empresarial. Los medios de comunicación suelen aceptar sin
rechistar el sofisma de que la discriminación acabará cuando los
resultados obtenidos por las mujeres sean estadísticamente idénticos
a los de los hombres en todos los ámbitos. Tal razonamiento es
insidioso, porque sugiere que algo falla si las mujeres no ganan los
sueldos más elevados, aunque sea en detrimento de otras valores legítimos,
como pueden ser la flexibilidad laboral, un entorno de trabajo donde
la persona se sienta más a gusto, una profesión más afín a las
aptitudes personales o cualquier otra consideración no
necesariamente monetaria.
Algunos enlaces de interés:
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